El mundo millennial

Ana María Raad

Hemos escuchado hablar infinitamente de los “millennials”, la generación que nació entre el 1980 y 2000, quienes hoy representan una fuerza laboral relevante, un “target” de consumo gravitante para las marcas y un grupo decisivo para las democracias futuras. Esta es la primera generación que creció en la era digital, rodeados de Internet, computadoras y videojuegos. Son quienes dieron el salto significativo, pasando de ser meros usuarios a activos productores y por ello pueden incidir con más fuerza en la política, economía y sociedad, al ritmo de un clic.
 
Educados y criados en plena época en la cual el valor por el “autoestima” y la necesidad de reconocer las fortalezas personales, aparecen fuertemente. Hacerlos sentir especiales, únicos e increíbles, parece haber sido una receta común en la crianza de estos jóvenes, así como protegerlos del fracaso. No obstante, esto a su vez ha sido una escalada hacia la expansión del narcisismo, rasgo que se acrecienta en esta generación.
 
Es interesante entonces, pensar cómo en medio de una sociedad de masas, de máxima homogeneidad dada por los medios y las imágenes que se repiten infinitamente en la televisión (o en Youtube), esta generación se caracteriza por la búsqueda de sentidos, pero quizás (como indica M. Mafessoli en su libro “El tiempo de las tribus”) no se trata de un sentido racional, sino emocional. Aquí no hay razones que aglutinan, sino sentimientos, emociones que conectan y eso es un gran desafío si pensamos en el trabajo, en la participación social, en el consumo de esta generación, cuyo vínculo con el otro es efímero y dura tanto como la inmediatez.
 
Mucho se ha hablado sobre el efecto de los millennials en el trabajo, sabemos que es una generación que busca un mayor sentido de propósito y autonomía, más allá que sólo un sueldo. Por lo tanto, el desafío en las empresas no es técnico, o intentar transmitir qué hacer, sino un desafío adaptativo, es decir el “cómo” hacerlo, el por qué están abordando tal o cual problema. Requieren liderazgos que movilicen e inspiren, porque las relaciones con superiores no tienen que ver con el poder o la supremacía del cargo, sino con la conexión de sus valores y los sentidos.
 
A su vez, estas demandas de mayor sentido y trascendencia se ajustan y son coherentes con nuevas tendencias como el consumo responsable, que busca contar con códigos éticos, inclusivos y de mayor respeto con el medio ambiente, así como nuevos espacios para competir e innovar, porque estos “jóvenes-ciudadanos” se hacen escuchar también a través de sus formas de consumo material o simbólico.
 
Mas allá del origen y evolución de este importante grupo, lo Relevante, me parece a mí, es poder estar atentos, al igual que con otras generaciones a observar cuales de sus características se mantendrán en el tiempo y de qué forma la sociedad evoluciona con y por ellos y ellas, lo que implica dejar de hacer una caricatura sobre esta generación y abordarla desde su real dimensión y efecto.