Liberación
El final del folclórico asilo Assange marca una liberación que no se destaca por el sesgo de las partes. Comenzando por Assange que en una cárcel sueca hubiera estado menos tiempo y en mejores condiciones de encierro que en las disfuncionales oficinas diplomáticas del Ecuador en Londres. Liberación que ha hecho oficial el compromiso del Reino Unido de no extraditarlo a un país que le pueda imponer la pena de muerte.
Liberación que cumple nueve de las 11 condiciones por las que el expresidente Correa le concedió asilo. Liberación para la comunidad internacional que le da a este asunto el sitial que merece en el debate público al dejar de ser exclusivo del Ecuador, cuya diplomacia venía dando palos de ciego como nacionalizar a su incómodo huésped que trataba con desprecio al único país que le dio asilo. Uno que llamo folclórico porque entre sus razones oficiales deja constancia de que Assange solo era requerido por delitos comunes en Suecia, y no por delitos políticos que es la única razón de ser del asilo político. Liberación del tema para que deje de ser uno de “noséquéhacer” para el Ecuador y vuelva a ser uno de “ahoraquéhacemos” para las grandes potencias en disputa. Liberación de una mancha para recordar, la doble moral de un gobierno autoritario y demagógico que pisoteó al asilo político en el caso Galo Lara e hipócritamente se asomaba al mundo como defensor de la libertad de expresión cuando internamente había desacatado los tratados internacionales de DDHH al imponer la censura previa, declarar a la libertad de expresión como un servicio público, y criminalizar la piratería o “hackeo” de información sin considerar el interés público según recomendaban expertos en DDHH.
Este es el meollo del asunto, no su caca o monopatín rodando por la Embajada. Verdad que Assange es un pirata cibernético culpable y confeso, así como un genio de la navegación negra en Internet, y también reconocido como periodista por organizaciones internacionales de periodismo y DDHH al publicarse hallazgos de WikiLeaks en los medios de comunicación más importantes del planeta.
Esto coloca a la garantía universal del secreto de la fuente periodística por encima de la generalizada criminalización de la piratería cibernética como prueba judicial, cuando el contenido del hallazgo es debidamente verificado y de interés público. Así encaja en las garantías de la nueva generación de derechos humanos que despenaliza la injuria calumniosa contra funcionarios públicos, la cual es reconocida por algunos y negada por otros. Pues resulta hermana recién nacida de la despenalización del aborto, del consumo de drogas ilícitas, del adulterio y la homosexualidad. Esa es la nueva generación de DDHH, por eso de acuerdo a la libertad de expresión y las conveniencias políticas Assange es en este mundo bipolar simultáneamente héroe y delincuente. Y para el Ecuador un huésped indeseable que abusaba de saber demasiado.