Antesala

Alfredo Pinoargote

Las elecciones seccionales de medio período para Lenín Moreno servirán para tomarle el pulso al electorado, a dos precandidatos presidenciales de centroderecha y al dividido movimiento populista Alianza País que durante una década ha sido íntimo de la victoria.
 
El íntimo de la victoria, en exilio voluntario en Bruselas, obtendrá importante cuota de voto duro en la primera elección después de haber ejercido una década el poder, con un liderazgo autoritario y populista similar al de sus antecesores FebresCordero, Bucaram y Gutiérrez. Aunque a mediano y largo plazo termine apagándose como un vela, con el eco melancólico de déjenlo volver que dejó el loco que ama, y que tampoco funcionaría para el loco que odia. A pesar de su legado más importante, el enriquecimiento de miles de familias durante 10 años ordeñando con gula las ubres generosas de un poder que sudaba dólares, para funcionarios públicos y contratistas privados. Tal vez por eso el legado aflora con 80 mil candidatos, que serían una expresión de la certeza que la mejor esperanza para ser rico es un puesto público vociferando luchar contra la corrupción.
 
El hecho es que el pulso no solo se toma con 240 alcaldías para el que se fue y no volverá, sino para los que aspiran a sucederlo con un ropaje diferente y también para el que lo sucedió botando al basurero de la historia la camiseta verdeflex. Ese pulso que supera lo seccional es la elección popular de los 7 consejeros del quinto poder del Estado.
 
Luego de que se resolvió en la consulta diminuta de febrero 2018 enmendar la Constitución, con esa elección popular a pedido unánime al soberano de gobierno y oposición, surge la alucinante paradoja de que el mismísimo presidente del quinto poder solicita al pueblo que lo suprima antes de haberse probado el funcionamiento de la enmienda. Este planteamiento trae dos propuestas contrapuestas de los precandidatos presidenciales de centro derecha, Lasso y Nebot. Aunque en el fondo de la paila se observa que se quiere blindar el jugoso cocolón del consejo transitorio, que deja al consejo definitivo de elección popular con las manos atadas para hacer nuevos nombramientos en las funciones electoral, judicial y de transparencia. De allí que al voto nulo de Lasso se contrapone Nebot con el voto válido para consejeros sin perjuicio de que posteriormente se suprima o reformen sus competencias devolviendo a la legislatura la competencia de las designaciones.
 
Esta jugada de billar de 3 bandas se complementa con la posición de Correa por el voto válido pero se acerca a Lasso con la supresión o reforma. Así se disuelve la toma del pulso y adicionalmente se impide que el nuevo consejo vuelva al regazo de Correa porque entre los 7 consejeros no habrá mayoría.
 
Finalmente el cuarto líder, que participa marginalmente en las elecciones, llamaría a referéndum para que el quinto poder desaparezca o se reforme, culminando así la confusa labor del CNE en esta elección primeriza.