La nutrición en los primeros 1.000 días, clave para prevenir enfermedades futuras

Ecuador es el segundo país con mayor desnutrición infantil en América Latina y El Caribe.
Pilar Ortiz
Un niño que sufre de desnutrición durante la gestación tendrá secuelas que lo afectarán de por vida.

Ecuador ocupa el segundo lugar en el ranking de desnutrición infantil en Latinoamérica y el Caribe, analizando las cifras de manera porcentual. En el país, uno de cada cuatro menores de cinco años presenta desnutrición crónica. el problema es más grave dentro de la población indígena, donde uno de cada dos niños la padece, de acuerdo a la última Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (ENSANUT).

Aunque la desnutrición es un tema multifactorial e involucra mucho más que la alimentación, sus causas y consecuencias desde el punto de vista de la salud son claves para entenderla y emprender acciones para eliminarla.

En primer lugar hay que aclarar que la desnutrición es una de las formas de malnutrición. Este último término abarca tanto las carencias como los excesos en la ingesta de calorías y nutrientes, por lo que presenta en un extremo la sobrealimentación y el sobrepeso, y en el otro la alimentación deficitaria y la desnutrición.

Otra especificación importante es que la desnutrición puede presentarse en diferentes formas. Una es la desnutrición aguda en la que el niño presenta un bajo peso corporal, generalmente muestra un abdomen abultado y extremidades muy delgadas, está presente en las poblaciones afectadas por hambrunas, especialmente en algunos países del llamado Cuerno de África.

En Ecuador y en algunos países latinoamericanos, en cambio, el problema es la desnutrición crónica, que es un retraso de crecimiento en talla con la que le correspondería de acuerdo a su edad, conforme el estándar internacional determinado por la Organización Mundial de la Salud, OMS, de 2006.

“Un estudio de las curvas de crecimiento que tomó más de 10 años desde su formulación hasta su publicación y que demostró que genéticamente, todos los niños del mundo tienen el mismo potencial de crecimiento. Esto quiere decir que un ecuatoriano y un sueco tienen el mismo potencial de crecimiento”, señala Adrián Díaz, representante interno de la Organización Panamericana de la Salud, OPS, en Ecuador.

Explica que la evaluación se hizo monitoreando en condiciones adecuadas y similares de alimentación, cuidados y atención de salud a niños de tres continentes, desde el período de gestación hasta los cinco años. Se demostró que los niños de India, de Omán, de Estados Unidos y de otros países que participaron tenían el mismo potencial de crecimiento. “Es importante mencionarlo porque hace varias décadas se pensaba que cada país debía tener su propia curva de crecimiento considerando que las diferencias genéticas podrían afectar”, explica Díaz.

¿CUÁL ES LA AFECTACIÓN?

La baja talla de una persona se determina en sus primeros 1.000 días, considerando desde el período de gestación hasta cumplir los dos primeros años de vida. “Lo que no se logra ahí, ya no se recupera. El niño venía programado para medir 1,75 metros y va a medir 1,60 metros, por ejemplo, porque se afectó su talla en este periodo crítico de crecimiento”, señala el representante.

Aclara que distinto es lo que ocurre en el área del neurodesarrollo. Explica que es erróneo hacer una asociación directa entre el retardo en talla con el déficit de desarrollo intelectual. “Si bien la talla final de un individuo se juega hasta los dos años, en neurodesarrollo y procesos cognitivos, dada la plasticidad del cerebro y los restos de poda y repoda de neuronas, se puede recuperar el déficit perdido en los dos primeros años”.

La baja talla es una característica que no sólo implica la estatura de una persona, sino que se asocia con riesgos en su salud. Los niños que la padecen sufren más enfermedades infecciosas, con lo que se genera el círculo vicioso: desnutrición-infección-desnutrición, que conlleva un mayor riesgo de muerte.

Por otra parte, hay evidencia de que a largo plazo, la baja talla tiene consecuencias en la salud. En primer lugar se puede mencionar que los embarazos de mujeres con baja talla tienen más probabilidades de que presente desnutrición fetal. Con respecto a las consecuencias que aparecen hasta cinco décadas después, se ha detectado que en casos de desnutrición fetal, ciertas células del páncreas que producen insulina se encuentran en menor cantidad por lo que en la edad adulta, esta persona, al estar expuesta a los mismos factores de riesgo (sedentarismo, dieta inadecuada, etc.) va a tener más probabilidades de desarrollar diabetes.

“Además, cuando hay un retardo de crecimiento intrauterino o desnutrición fetal, los niños nacen con bajo peso y las arteriolas van a ser más débiles, por lo que en la edad adulta, van a tener más riesgo de desarrollar enfermedades como hipertensión o problemas renales, por una afectación en la forma en que se conformaron las células de los riñones”, explica Díaz, confirmando una afectación que aparece 50 o 60 años después de esos 1.000 días.

Frente al desafío que representa la desnutrición crónica infantil en Ecuador, uno de los caminos que puede ayudar a detectar situaciones a tiempo son los controles periódicos de salud para descubrir que algo está pasando con el crecimiento de ese niño. Idealmente son 12 controles de crecimiento o al menos seis en el primer año de vida y seis o al menos cuatro en el segundo.