Reseña de "Los dos papas": Cambiar para que nada cambie

Ileana Matamoros
Jonathan Pryce y Anthony Hopkins dan vida a los papas Francisco y Benedicto XVI en

“Los dos papas” es una historia interpretada magistralmente. Pero es una ficción que por estos días no podría estar más alejada de la ríspida realidad. 
 
“Buenos días, necesito un vuelo desde Roma a Lampedusa. Sé que puedo comprarlo por internet pero acabo de llegar…”. Solo vemos la mano de un hombre -de un hombre mayor- halando un cable, sosteniendo el teléfono junto a la mejilla. “¿Nombre?” interrumpe con desgano la voz de una mujer. “Bergoglio, Jorge Bergoglio”. “¿Cómo el Papa?...Muy chistoso”,  la voz del call center pierde la paciencia y termina colgando. Los primeros segundos de “Los dos papas” revelan en este sutil gesto la naturaleza del protagonista y su paradoja: el nuevo Papa quiere hacerlo todo a su manera, saltarse el protocolo, cambiar las reglas, pero a pesar de ser ahora uno de los hombres más influyentes del mundo, hay ciertas cosas que no va a poder hacer tan fácilmente. 
 
Desde ahí prácticamente todo es un flashback: muere Juan Pablo II y empieza el cónclave que elige al alemán Joseph Ratzinger como el sumo Pontífice.
 
El filme del brasilero Fernando Meirelles (“Ciudad de Dios”, “El Jardinero Fiel”  “Ensayo sobre la Ceguera”) explora la dificultad de los cambios que el primer papa latinoamericano representaría para la Iglesia Católica a través de su relación con Benedicto XVI, cuando Francisco era aún cardenal y obispo en Argentina. De hecho, casi toda la película es una larga charla entre Bergoglio/Jonathan Pryce y el Papa/ Anthony Hopkins, durante encuentros en el Vaticano, y es gracias a ese sostenido uno a uno entre grandes actores que los “Los dos papas” se convierte en una experiencia memorable. 
 
El magistral guión de "Los dos papas" es obra del neozelandés Anthony McCarten. 
 
La conversación entre Benedicto -encarnando las posturas más conservadoras- y Bergoglio -un reformista que busca adaptarse a los tiempos- va del debate a la confesión y pasa por temas como el matrimonio homosexual, el celibato, la participación de las mujeres en el sacerdocio y la posición de la iglesia ante los escándalos de abusos sexuales y corrupción. La calidad de los diálogos no puede ser menor con un guionista como el neozelandés Anthony McCarten, un experto en biopics: ya retrató a Stephen Hawking “La teoría del todo”, a Winston Churchill en “La hora más oscura” y a Freddy Mercury en “Bohemian Rhapsody”. Está nominado al Oscar por mejor libreto adaptado (se basa en una obra de teatro del él mismo). 
 
Los encuentros entre el futuro papa Francisco y el actual Papa emérito, que cuenta la película, no sucedieron en realidad. McCarten -también periodista y escritor- se ha basado en las propias palabras de los Papas, a partir de documentos y discursos en los que han expuesto sus diferentes visiones sobre la iglesia y el mundo. Y Meirelles ha dispuesto este duelo imaginario frente a una cámara atenta a la belleza, pero que por momentos despliega movimientos documentales que van aumentando la fascinación del espectador por ingresar a un mundo reservado para pocos, a la más profunda intimidad del Vaticano.
 
El problema con las películas “inspiradas en eventos reales” es la tentación de ponerse a ver que tan cercana nos resulta a eso que llamamos realidad. A muchos partidarios del Papa Emérito -entre ellos obispos, teólogos y medios católicos-, por ejemplo, no solo les ha parecido injusta su representación como un hombre antipático y ególatra, sino que han señalado la imprecisión de la película de Netflix, porque insinúa que encubrió los crímenes del infame padre Marcial Maciel en México, cuando fue precisamente quien abrió las investigaciones canónicas contra él y ordenó su retiro del sacerdocio. Por su parte, los adeptos del Papa Francisco no están de acuerdo con que en los “Los dos papas” se recuerde la polémica actitud del joven Bergoglio frente a la dictadura Argentina, y que se sugiera que se siente culpable por “no haber hecho lo suficiente”. 
 
No es necesario ser católico, y ni siquiera creyente, para disfrutar de “Los dos papas”. El secreto es no perder de vista que se trata de una ficción: la historia acerca de dos personajes, dos hombres viejos, de ideas aparentemente muy opuestas, pero que terminan reconociendo que en el fondo, quieren lo mismo y llegan a entenderse. Una comedia romántica. La realidad del mundo católico es mucho más compleja: Francisco lleva 7 años en el trono de San Pedro, pero además de haber intensificado su condena a los violadores del clero y su preocupación por los pobres, casi nada ha cambiado: la Iglesia se sigue oponiendo el matrimonio igualitario, la anticoncepción, la participación de las mujeres en el sacerdocio… 
 
El encuentro de Francisco y Benedicto XVI en "Los dos papas" es pura ficción. 
 
Y por estos días la tensa relación entre los dos papas ha llegado a un punto álgido. En octubre durante un sínodo, los obispos amazónicos votaron a favor de ordenar sacerdotes casados para que puedan oficiar sacramentos en lugares remotos de la selva. Justamente mientras Francisco reflexiona sobre ello, acaba de publicarse en francés un libro que defiende el celibato llamado “Desde el fondo de nuestros corazones”, firmado por cardenal africano ultraconservador Robert Sarah y Benedicto XVI. Mucho silencio no ha demostrado el Papa Emérito. El escándalo ha sido tal que sus voceros dijeron que se trata de un malentendido y han pedido que se elimine su firma de la portada. 
 
En los últimos minutos de “Lo dos papas” volvemos al intento fallido de Francisco para sacar su boleto a Lampedusa. Es curioso. Aquella isla italiana, la puerta de entrada de miles de migrantes indocumentados, fue realmente el primer destino oficial del nuevo Papa fuera del Vaticano, pero también puede leerse como una referencia al “El gatopardo”, la novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa convertida en película en 1960 por  Luchino Visconti, que expone aquella famosa máxima política: «Todo debe cambiar para que nada cambie».