Tenían todo en contra, pero lograron inspiradoras ideas: Estas son tres historias de mujeres que superaron la adversidad

Silvana Jara, María Gracia Borja y Diana Chacón pasaron por difíciles momentos en su vida, pero hoy son inspiración para muchas mujeres.
Kevin Hidalgo
Silvana Jara, María Gracia Borja y Diana Chacón pasaron por difíciles momentos en su vida, pero hoy son inspiración para muchas mujeres.

“Las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan”, es una popular frase que se ha vuelto viral en redes sociales gracias a la sesión 53 de Bizarrap con Shakira y que hace mucho sentido en Ecuador, en donde las mujeres emprenden en mayor proporción para ganarse la vida ante la escasez de empelo, según el último informe Global Entrepreneurship Monitor de la Escuela de Negocios de la ESPOL.

Lo cierto es que existen muchas mujeres que han vivido episodios difíciles en su vida, pero de esos momentos han logrado cristalizar ideas que inspiran y que están cambiando el mundo.

Así lo demuestran las historias de Silvana Jara, María Gracia Borja y Diana Chacón. La primera perdió parte de su pierna por una mala práctica médica, sin embargo, de esa experiencia surgió una fundación que apoya a personas con discapacidad.

Mientras que María Gracia Borja, conocida como ‘La Chica Bahía’, y Diana Chacón, atravesaron una infancia marcada por las carencias y la violencia en todas sus formas. No obstante, años más tarde, han logrado crear exitosos negocios. Demostrando que, aunque parezca lejano e imposible, todo se puede lograr.

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DE LA CRISIS SURGIÓ UNA FUNDACIÓN

Una consulta médica de rutina le cambió por completo la vida a Silvana Jara, de 60 años. Ese día perdió gran parte de su pierna izquierda luego de una mala práctica médica. Lejos de buscar culpables, la madre de dos hijos se enfocó en sanar y ayudar a otras personas con su misma condición.

Ocurrió hace tres años. Silvana acudió a una clínica en Quito para tratarse una infección, sin imaginar que saldría en silla de ruedas. Un doctor colocó una inyección en el nervio ciático, lo que le provocó graves daños en los tejidos de su pierna. La mujer se sometió a seis operaciones, hasta que su pierna quedó cortada sobre la rodilla.

No reclamó y tampoco puso una denuncia porque solo pensaba en cómo iba a enfrentar esta situación.

“De pronto esta persona que me puso la inyección, no salió con ese afán de hacer daño. Tal vez fue necesario que suceda esto para que yo pueda entender qué sienten las personas con discapacidad”, relató Silvana a Vistazo.

La adaptación a esta nueva vida, sin una de sus extremidades, fue el proceso más duro. Los primeros días necesitaba ayuda de sus familiares para movilizarse y luego de dispositivos como silla de ruedas y prótesis. Pero más allá de la parte física, estaba el reto de aceptarse a sí misma.

En esos momentos duros surgió una idea que ha cambiado la vida de Silvana y de miles de personas. Se trata de la fundación Cordis (Cooperación y Respaldo para la Discapacidad), que apoya a las personas vulnerables con contención emocional y reinserción laboral.

“Volteé esta situación mala en buscar nuevas oportunidades”, menciona la quiteña, quien también forma parte de la Fundación Mujeres Reales. Ambas organizaciones brindan capacitaciones sobre todo a mujeres, en salud mental.

“Aceptémonos tal como somos, sanemos nuestras heridas internas, para luego seguir adelante porque tenemos mucho que aportar. Somos seres de luz y podemos ayudar con nuestras actividades a otras personas”, manifiesta Silvana.

PIONERA DEL ‘PERSONAL SHOPPER’ EN ECUADOR

María Gracia Borja García, mejor conocida en redes sociales como ‘La Chica Bahía’, inició su empresa con tan solo 10 dólares. Sin darse cuenta de que se había convertido en la primera ‘personal shopper' del Ecuador. Detrás de ella hay una historia de superación que pocos conocen.

La joven de 29 años menciona que el camino para alcanzar su sueño no fue nada sencillo. Vivió sin sus padres, bajo el cuidado de su abuela, y sufrió violencia física, psicológica y sexual. Incluso pasó por orfanatos.

“Fue muy duro porque los maltratos eran constantes y siempre me recalcaban que no era nadie, que mi mamá no me quería y que mi papá me dejó. Me volví muy dura desde niña porque ya me había acostumbrado a que me castigaran”.

María Gracia sufrió varios abusos desde la niñez, pero nunca contó con el apoyo de sus familiares. Recuerda que su abuela la hizo arrodillarse ante su agresor para que le pidiera perdón.

A los 17 años se convirtió en madre y tuvo que trabajar en la calle. “Con lo poco que tenía elegí ayudar a mi hijo, ser una buena madre y terminar mi bachillerato”.

Dice que el secreto de la vida es ser comedido con las personas que nos rodean, sin pedir nada a cambio. Es así como logró conseguir varios trabajos o esas mismas personas a las que ayudó se volvieron sus clientes.

Tras una ruptura amorosa, María Gracia viajó a Guayaquil con 10 dólares que invirtió en pañales para su bebé, pasajes y datos para el celular. Buscaba trabajo, pero en ese momento no había nada, entonces se fue a la Bahía y empezó a hacer vídeos para redes sociales. Mostraba los productos de los distintos locales y ofrecía al público comprarlos y llevarlos hasta su casa.

“Yo me volví la pionera del proyecto, ahora cualquiera puede ir a tomar fotos y videos, antes los locales no lo permitían, era prohibido”, relata la joven, quien reconoce que las redes sociales fueron el impulso para que su emprendimiento se expandiera.

Ella sola buscó los proveedores más importantes de la Bahía y se autoeducó. “Mi universidad fue Google y YouTube”. Ahora envía mercadería a distintas partes del país y realiza compras en centros comerciales.

“Sufrí violencia, pero decidí lo mejor para mí y pensé mucho en mis hijos”, señala ‘La Chica Bahía’.

LOGRÓ ROMPER LA CADENA

Nació en una zona pobre de Caracas, Venezuela, pero hoy su cafetería tiene cinco sucursales en Ecuador. Es la historia de Diana Chacón, dueña de Cream Coffee, una idea que nació tras varios intentos de negocio, una inesperada enfermedad y la defensa de sus ideales. “Un diamante tiene que pasar por temperaturas muy altas para realmente sacar su brillo”, dice la migrante.

Diana nació en un entorno lleno de carencias, recuerda que pedía dinero en la calle, pasaba días sin comer, dormía en el piso y luego fallecieron sus padres, por lo que tuvo que asumir el cuidado de sus hermanas. Vivió todo tipo de maltratos y abuso sexual.

Así se convirtió en una niña insegura y sin sentido de pertenencia, pero desde aquel momento soñaba con cortar esa cadena de violencia. “Era un círculo que había acompañado a mi abuela, mi mamá y luego venimos nosotras. La pobreza pasó de generación en generación, pero sobre todo la falta de amor y valores”.

Cuando la situación en Venezuela empezó a empeorar, se cuestionó precisamente eso: ¿cómo iba a lograr romper esa cadena en un país inseguro y sin oportunidades? Sobre todo pensando en su hijo y hermana que padecía cáncer.

Diana migró a Ecuador en el 2017. Fueron varios días de viaje en bus hasta Cuenca. Trabajó como socióloga para ahorrar dinero y traer a su hermana, quien falleció tiempo después.

La migrante volvió a vivir una situación complicada cuando fue diagnosticada con hipotiroidismo. Estuvo aislada por dos meses debido a la yodoterapia, sin embargo, en ese momento surgió la idea de crear Cream Coffee. Antes ya había tratado de emprender con otros negocios que quedaron inconclusos, así que este era el último intento.

En marzo del 2021, se abrió el primer local a pocos pasos del hospital de Solca en Cuenca. Diana recuerda que el primer día no tuvo ni un solo cliente y el segundo tampoco. Entonces, entró en desesperación y se encerró en el baño del local. Lloraba porque pensaba que no iba a funcionar.

En medio de las lágrimas, decidió cambiar el menú y la presentación de la cafetería. Retomó la idea que se planteó desde el inicio, pero que no había implementado por sugerencia de un chef. Su sexto sentido funcionó: el ocho de marzo, la cafetería estaba completamente llena. De ahí el resto es historia.

Un factor importante para el éxito de esta cafetería es el manejo de redes sociales. Diana reconoce que al inicio le costaba hacer videos, pero luego descubrió que ese sería el enganche para que la gente visite su local. Creó una especie de personaje de una mesera que hacía videos para TikTok, cuando en realidad ella era la dueña.

Con esto también llegaron mensajes xenofóbicos. “Yo nunca quiero parecer venezolana, porque se siente el rechazo, te hacen sentir que no eres parte de acá. Yo he entendido que uno es del lugar que decide amar y yo decidí amar este país desde el primer momento que llegué”, comenta la mujer de 37 años.

“Me siento muy orgullosa de mí misma, de haber logrado cortar con ese círculo de carencia, cosas negativas y momentos difíciles. A pesar de haber tenido una vida tan difícil, lograr materializar esto realmente para mí ha sido increíble, tanto así que hay veces que no lo creo. Veo atrás y digo cómo es posible que una niña que no tuvo padres, que vivió abuso en todas las formas, haya llegado a este punto”.

Actualmente, Cream Coffee cuenta con cinco sucursales en Cuenca, Guayaquil y Machala. El próximo reto es convertir a la cafetería en una de las franquicias más importantes del Ecuador y abrir 100 locales, incluso a nivel internacional. Así que este es solo el inicio de una gran historia que está por escribirse.

MÁS MICROCRÉDITOS, MÁS EMPRENDIMIENTOS

De acuerdo con un reciente informe de la Asociación de Bancos del Ecuador, seis de cada diez microcréditos bancarios fueron realizados por mujeres en el 2022; lo que podría traducirse en que cada día, más mujeres están buscando nuevas formas de emprender.

De acuerdo con el reporte denominado Radiografía del Crédito (Asobanca y Aval Buró, febrero de 2023), 463.891 mujeres accedieron a un crédito en 2022, un incremento anual del 5%, o el equivalente a 23 mil personas más.

Ellas recibieron USD 3.959 millones en financiamiento, a través de 770 mil operaciones. Estas cifras son resultado también, de las nuevas políticas de la banca para impulsar acciones de inclusión financiera que reduzcan la brecha de género.

De ese total, 51 mil mujeres accedieron por primera vez a un crédito formal en 2022.

El acceso a financiamiento es una herramienta clave para reducir la brecha económica entre hombres y mujeres, para superar la pobreza, y para la erradicación de la violencia económica y patrimonial que todavía viven muchas mujeres en Ecuador y el mundo.

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