“Nunca te dejé ni te dejaré sola”: La carta de la madre de Juliana Campoverde al cumplirse 10 años de su desaparición

La familia de Juliana realizo un plantón para exigir que se cumpla la reparación integral del caso.
Redacción Vistazo
La familia de Juliana realizo un plantón para exigir que se cumpla la reparación integral del caso.

Este jueves, siete de julio del 2022, se cumplen 10 años de la desaparición de Juliana Campoverde. Su familia y varias organizaciones sociales realizaron un plantón conmemorativo para exigir que se ejecuten las medidas de reparación integral, entre ellas la búsqueda del cuerpo de la joven, quien murió en manos de un pastor evangélico.

Durante el evento, la madre de Juliana, Elizabeth Rodríguez, leyó una emotiva carta para su hija, en la que recalca la inoperancia del Estado durante todo el proceso y reafirma su lucha incesante hasta que todas las peticiones sean concretadas. A continuación el relato:

“Amada hija Juliana, por un momento pensé no escribirte en estos diez años de tu ausencia, al parecer ya no tenía palabras para reclamarte, ya todas las había dicho. También sentí que ya no tenía a quién exigir para que te devuelvan a mis brazos, porque en estos diez años de lucha en el Ecuador, han pasado tres gobernantes insensibles: sin oídos, sin empatía y con total inoperancia frente a la desaparición. ¡Y qué decir de las instituciones como Fiscalía y Policía! Se supone que están encargadas de las búsquedas e investigaciones, pero en lo único que se han especializado es en la burla, el desinterés y dejar los casos de las personas desaparecidas en la completa impunidad.

Pero es inevitable dejar de escribirte mi amada July, tu amor es la luz que ilumina mi camino, en mi alma hay cosas que están tatuadas sin tinta: tu voz, tu sonrisa, tu mirada, tus abrazos, tus melodías y aquellos lugares que estuvimos juntas, recordarte cada instante es único y a la vez irreparable todo esto, es tu esencia esa tinta que se quedó grabada en mí para siempre.

Esto es lo que los fiscales y los policías no entienden porque son inhumanos y en ellos reina la insensibilidad, parece que no tuvieran familia, que solo les importa su sueldo y cumplir órdenes de un gobernante incapaz de llegar a sentir el dolor que atravesamos cada día. Mi July cómo dejar de reclamarte, cómo dejar de luchar, cómo dejar de exigir que te devuelvan a mis brazos o cómo permitir que tu memoria quede en el olvido; es imposible porque te adoro hija mía.

Son 10 años que mi corazón no se ha doblegado, mantengo viva la esperanza que te voy a encontrar, la búsqueda es sin tregua, te busco en el silencio con la lluvia y el viento, lloro porque ya no escucho tu voz en casa; a veces te siento tan cerca y a veces te me ausentas, es una mezcla de sentimientos que invaden mi alma y rompe cada parte de mi ser.

Son 10 años de tu ausencia y yo he quedado atrapada en el tiempo esperando que vengas y que cumplas tus sueños, tus metas y todo lo que te quedó pendiente por hacer. Mi July ha pasado tanto tiempo que no nos vemos, tenemos mucho que hablar, que reír y un largo caminar; tus hermanos te extrañan cada instante al igual que yo, ya queremos verte llegar sonriendo como siempre lo hacías, que nos digas: “hola mami, hola ñaños ya estoy aquí, ya estamos completos otra vez”.

Mi amada July son diez años que formamos parte de una familia incompleta aquí en el Ecuador, donde nuestras voces no han sido escuchadas, donde nuestros derechos han sido violados, nuestros sentimientos burlados, asesinados y dejados en el olvido sin verdad, sin justicia, sin reparación y sin memoria.

Pero no podrán con nuestra fe y esperanza que nos acompaña a cada instante que te recordamos y declaramos que te vamos a encontrar adorada hija mía.

Mi July te escribo esta carta para decirte que nunca te dejé ni te dejaré sola, mi alma siempre está conectada con la tuya, te busco sin parar, dame una luz para llegar dónde tú estás y abrazarnos para siempre y nunca más soltarnos. Te amo con todo mi ser amada hija.

Estas palabras llegarán hasta el infinito y a las constelaciones más lejanas y estoy segura que quedarán marcadas en tu alma”.

Plantón en los exteriores del Complejo Judicial Norte.

¿DÓNDE ESTÁ JULIANA?

La desaparición ocurrió el siete de julio del 2012. Juliana Campoverde, de 19 años de edad, salió de su domicilio en el sector de la Biloxi, sur de Quito, junto con su madre. Ese día se despidió para dirigirse rumbo a su negocio, un centro de medicina natural, al que nunca llegó.

La investigación inició con la denuncia de la madre de Juliana, el ocho de julio del 2012. Sin embargo, seis años después, las autoridades detuvieron a Jonathan Carrillo, quien fue condenado a 25 años de cárcel, como autor de secuestro extorsivo con resultado de muerte.

Un informe reveló la última ubicación de la joven, a través de una llamada de celular realizada con el chip de Juliana desde el teléfono de Carrillo, la noche del 7 de julio, cuando ya la ciudadana estaba desaparecida.

Carrillo, era un pastor evangélico de la iglesia ‘Oasis de Esperanza’ a la que acudió la familia de Juliana por 10 años. Su rol en el templo religioso era de líder de un grupo de jóvenes, al que pertenecía la víctima.

Según los elementos presentados por Fiscalía, el último contacto que tuvo la joven fue con Jonathan en su lugar de trabajo, el 9 de julio del 2012, un día después de que la familia denunció su desaparición.

En la computadora del trabajo del ciudadano procesado, se encontró búsquedas de información relacionadas con muertes violentas, desaparecidos y cómo borrar mensajes de texto de la computadora. A lo que se sumó que la cuenta de Facebook de Juliana fue abierta desde ese ordenador para dejar un mensaje de despedida a sus familiares.

El pastor condujo a los investigadores a una quebrada en Bellavista donde presuntamente se encontraban los restos de la joven. Carrillo explicó que Juliana murió en sus manos por una caída accidental y que arrojó su cuerpo en el sitio. La Fiscalía realizó varias excavaciones, pero, hasta el momento, el cuerpo sigue desaparecido.

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La familia de Juliana pide que se encuentren los restos de la víctima.

AÚN NO HAY REPARACIÓN

El 17 de julio del 2019, el Tribunal de Garantías Penales de Pichincha dispuso una reparación integral y simbólica para la familia de la víctima. Incluye el cierre definitivo de la iglesia ‘Oasis de Esperanza’, capacitación para la Policía Nacional y Fiscalía en investigación con enfoque de género, y al Ejecutivo, realizar un registro nacional de pastores y líderes evangélicos. Así como el pago de 100.000 dólares para los padres de la víctima.

Un año después, 11 de junio del 2019, el tribunal amplió los puntos de reparación integral de la sentencia de primera instancia, disponiendo que continúe la búsqueda de los restos de Juliana Campoverde en la quebrada de Bellavista y que se establezca una recompensa. Además, la iglesia evangélica debía colocar una placa en memoria de los hechos que ahí ocurrieron.

Han pasado tres años desde aquellas resoluciones, pero aún no se han aplicado. “Si bien se han dado algunos pasos, todavía no sabemos nada de Juliana, todavía no tenemos la placa conmemorativa”, dijo una abogada del caso en el platón.

Agregó que hace dos meses se presentó un escrito solicitando que se oficie la sentencia a las diferentes instituciones para la ejecución de la reparación integral. Los familiares de Juliana aún no tienen respuesta.

“Si ganamos la justicia es solamente a medias. Eso no es justicia. Mientras no me devuelvan a mi hija Juliana no hay justicia", dijo Elizabeth Rodríguez en los exteriores del Complejo Judicial Norte, en Quito.