María Consuelo Córdoba volvió a hacer pública su historia de lucha para visibilizar la difícil situación en la que vive. Tras haber sobrevivido hace 26 años a un ataque con ácido infligido por su aquel entonces pareja, la mujer enfrenta severas dificultades económicas.
El ataque le provocó la pérdida casi total de sus rasgos faciales e impactó gravemente sus vías respiratorias. A lo largo de más de dos décadas, María Consuelo ha sido sometida a 87 cirugías en la red pública de salud.
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Sin embargo, el centro hospitalario que atendió su proceso le notificó que las intervenciones pendientes corresponden a procedimientos plásticos que no están cubiertos por el sistema público. Los costos de estas cirugías resultan inasumibles para ella, dejándola sin alternativas médicas inmediatas.
¿Cómo sobrevive actualmente y a qué barreras se enfrenta?
Ante la falta de un ingreso estable, la sobreviviente recurre a pedir ayuda económica en plazas de mercado de Bogotá como Corabastos, El Restrepo y Paloquemao. Anteriormente acudía al sistema TransMilenio, pero la alta presencia de personas en situaciones similares la llevó a buscar otros puntos de la ciudad.
A esta vulnerabilidad se suma la interrupción de las ayudas estatales. María Consuelo señaló que desde hace dos años dejó de recibir un bono de alimentos y que nunca ha contado con subsidios del Gobierno ni acceso a los medicamentos que requiere.
Esta falta de asistencia ha deteriorado de manera progresiva su estado físico general. La combinación de una mala alimentación con el desgaste de su recuperación ha derivado en problemas de salud adicionales, como cuadros frecuentes de anemia.
¿Por qué reconsidera la eutanasia tras reunirse con el papa?
Durante tres años, María Consuelo gestionó formalmente los trámites para acceder a la muerte asistida, e incluso dejó previstos los arreglos para su velación y cremación. Sin embargo, en 2017 desistió de esta idea tras un encuentro personal con el papa Francisco, a quien le prometió no aplicarse la inyección.
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Pese a ese compromiso, las circunstancias actuales han cambiado su perspectiva. La ausencia prolongada de garantías estatales, la falta de soluciones para continuar con sus intervenciones y el cansancio acumulado volvieron a poner la eutanasia sobre la mesa.
En diálogo con Caracol Radio, la sobreviviente confirmó que contempla de nuevo esta posibilidad como una respuesta a la falta de condiciones dignas para vivir y al constante sufrimiento físico y económico que enfrenta en su día a día.