Un grupo de fósiles hallados en América del Sur muestra que un animal emplumado alcanzó 2 metros de altura y dominó el continente tras la desaparición de los dinosaurios. La familia Phorusrhacidae, conocida como aves del terror, fue uno de los principales depredadores terrestres durante millones de años.
El aislamiento geográfico de América del Sur permitió que estos animales desarrollaran cuerpos pesados y patas largas. La familia Phorusrhacidae se estableció en sabanas y bosques abiertos del pasado.
Anatomía especializada de Phorusrhacidae para la caza
A diferencia de las especies actuales, estas aves no volaban para escapar ni para atacar a sus presas. Su cuerpo estaba especializado para correr a gran velocidad sobre suelo firme.
El pico curvo y puntiagudo funcionaba como arma principal contra otros vertebrados de tamaños diversos. Los músculos reforzados en las patas les daban el impulso necesario para alcanzar presas en plena huida por terrenos abiertos, a velocidades de hasta 50 kilómetros por hora.
Tamaños que sorprenden a los científicos
Algunos ejemplares de este linaje superaron los 2 metros de altura, mientras que ciertos especímenes posiblemente alcanzaron 3 metros. Esos ejemplares pertenecen a géneros aún inciertos. Esa variación de tamaño indica la diversidad dentro de la familia Phorusrhacidae.
Un fósil hallado en Uruguay indica que este tipo de depredador vivió hace cerca de 15 mil años, mucho más recientemente de lo que se pensaba. El hallazgo cambia la línea de tiempo que los científicos manejaban sobre la extinción del grupo.
Un hueso que reveló otro depredador
Un fósil permitió identificar marcas de dientes dejadas por un cocodrilo de gran tamaño sobre el hueso del animal. Ese detalle demuestra que los grandes depredadores terrestres enfrentaban amenazas de otros carnívoros en su ambiente.
Este hallazgo fósil del Mioceno medio muestra la complejidad de los ecosistemas sudamericanos. Los depredadores terrestres y acuáticos coexistían en los mismos territorios.
Lo que los fósiles siguen enseñando
Cada resto óseo recuperado ayuda a entender mejor la anatomía y el comportamiento de estos gigantes extintos. Los científicos comparan las estructuras de distintos ejemplares para ubicar con precisión el lugar de cada especie dentro del árbol evolutivo.
El Canal History Brasil difundió un video que profundiza en estos hallazgos y en la forma de vida de Phorusrhacidae.
El hallazgo del hueso mordido por un cocodrilo gigante muestra que ningún animal dominaba el ecosistema sudamericano de esa época. Incluso este depredador terrestre enfrentaba amenazas serias cuando se acercaba al agua.













