El Mar Negro sorprendió al aparecer con un intenso tono azul turquesa visto desde el espacio el 22 de junio. Un satélite de la NASA registró el fenómeno, que transformó temporalmente el aspecto de sus aguas debido a una floración masiva de cocolitóforos, organismos microscópicos capaces de reflejar la luz.
Desde la órbita terrestre, la alta concentración de estos microorganismos modificó el aspecto habitual del mar con tonalidades lechosas y azuladas que incluso se extendieron hacia el estrecho del Bósforo.
Además de su impacto visual, el fenómeno permite a los científicos estudiar la productividad biológica del mar y el comportamiento de las corrientes oceánicas en la región.
¿Qué provoca este inusual color?
El característico tono azul turquesa se debe a la proliferación de cocolitóforos, un tipo de fitoplancton que habita en las capas superficiales del océano y obtiene energía mediante la fotosíntesis.
Cada uno de estos organismos está recubierto por placas microscópicas de carbonato de calcio que reflejan la luz solar. Cuando millones de ellos se concentran en la superficie, generan el llamativo efecto observado por los satélites.
Estas floraciones suelen producirse durante la primavera y el verano, cuando la temperatura, la disponibilidad de luz y los nutrientes favorecen su crecimiento.
Al mismo tiempo, las corrientes marinas distribuyen los microorganismos formando patrones visibles desde el espacio, lo que ayuda a los investigadores a seguir el movimiento e interacción de las masas de agua.

Tecnología espacial para estudiar los océanos
El fenómeno fue observado por el satélite PACE de la NASA, equipado con el Instrumento de Color del Océano (OCI), capaz de detectar diferentes longitudes de onda reflejadas por la superficie marina. Gracias a esta tecnología, los científicos pueden identificar la presencia de floraciones de fitoplancton y analizar su evolución.
Las imágenes obtenidas no solo muestran un fenómeno natural llamativo, sino que también proporcionan información sobre la salud de los ecosistemas marinos, la productividad biológica y los cambios ambientales que pueden afectar a la región.
Los investigadores continúan monitoreando la evolución de esta floración para comprender mejor su duración, su impacto en el ecosistema y los factores que influyen en su desarrollo.













