Cuatro especialistas se adentrarán en una de las zonas más inaccesibles del planeta gracias a un medio de transporte que no requiere ningún tipo de combustible: así es la expedición Trineo de Viento Antártida 2026-2027. El explorador polar Ramón Larramendi encabezará esta iniciativa, que cuenta con el apoyo del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y tiene previsto salir de España el 18 de octubre.
A lo largo de casi tres meses de travesía, los expedicionarios pondrán en marcha 16 investigaciones orientadas a rastrear la presencia de virus en el aire y de sustancias contaminantes en lugares que apenas han sido estudiados. El recorrido sumará 3.400 kilómetros sobre el hielo, con salida en las inmediaciones de la base rusa de Novolazárevskaya y llegada a la estación italo-francesa Concordia.
Respaldan estos proyectos organismos como el CSIC y el INTA, además de seis universidades del país y la agencia espacial estadounidense NASA.
Un trineo impulsado únicamente por el viento
La propuesta científica descansa sobre un medio de transporte singular. Los investigadores utilizarán un trineo de 15 metros de longitud diseñado por Larramendi e inspirado en técnicas tradicionales inuit, que se desplazará exclusivamente mediante cometas que aprovechan la energía eólica.
El vehículo cuenta con placas solares para alimentar los equipos científicos y puede transportar hasta 2.100 kilos de carga, alcanzando velocidades puntuales de 80 kilómetros por hora. Esta configuración permite que el equipo avance sin emitir gases de efecto invernadero en uno de los ecosistemas más frágiles de la Tierra.
Objetivos científicos en el corazón helado
El Centro de Biología Molecular Severo Ochoa liderará uno de los trabajos más ambiciosos: utilizar sistemas de filtración de aire para determinar si los virus pueden viajar por la atmósfera hasta el interior de la Antártida. Los resultados ayudarían a entender cómo los patógenos alcanzan regiones que parecen completamente aisladas.
Simultáneamente, el CIEMAT buscará evidencia de contaminación asociada a actividades humanas, mientras que la Universidad de Oviedo investigará cómo el polvo y sustancias contaminantes alteran la capacidad del hielo para reflejar radiación solar. Este último proceso es fundamental para regular la temperatura planetaria y entender el cambio climático.
Condiciones extremas y paradas estratégicas
El equipo enfrentará temperaturas hasta 50 grados bajo cero y cruzará el Polo de Inaccesibilidad, situado a unos 3.700 metros de altitud. Pasará también por las proximidades de Vostok, uno de los lugares más fríos del planeta, donde realizará cinco paradas científicas para recoger muestras y llevar a cabo experimentos específicos.
Los expedicionarios también estudiarán los efectos físicos y psicológicos del aislamiento prolongado y la exposición al frío extremo, datos que aportarán perspectivas valiosas para futuras misiones científicas en ambientes hostiles. Está previsto que la travesía concluya a comienzos de febrero de 2027.
Una vez allí, el vehículo quedará guardado en esa misma base mientras se evalúa si habrá una nueva travesía por el continente helado.
Por qué la Antártida sigue siendo un misterio científico
La Antártida sigue siendo uno de los territorios más desconocidos del planeta, incluso después de décadas de investigación. Su extensión y sus condiciones hostiles hacen que enormes zonas apenas hayan sido exploradas de forma sistemática.
Por eso, el conocimiento científico sobre lo que ocurre en su interior sigue siendo fragmentario y expediciones como la del Trineo de Viento buscan acceder a regiones remotas y menos estudiadas del continente.
Después de la expedición, el trineo permanecerá desmontado en la base Concordia a la espera de una posible segunda expedición. El viaje es apenas el comienzo de un proyecto científico más amplio, centrado en entender cómo la huella humana llega a lugares que parecen completamente aislados. La pregunta requiere múltiples expediciones para ser respondida.













