En Bad Kösen, una estructura de madera de 325 metros de largo y 20 metros de altura crea un ambiente que evoca el litoral, aunque la ciudad está en el interior de Alemania. Agua salada fluye constantemente por ramas de espino negro, humedece el aire y deja el aroma característico del mar, que atrae a visitantes desde hace siglos.
Lo que hoy es una atracción turística comenzó como una solución práctica para concentrar sal. Cuando el agua salada desciende lentamente por la estructura de ramas, parte se evapora y la concentración de sal aumenta, mientras las impurezas quedan atrapadas en las ramas.
Este proceso, conocido como «graduación de la salmuera», se propagó por Europa a partir del siglo XVI y llegó a Kösen en 1779.
Del trabajo industrial al bienestar
Los trabajadores del Gradierwerk de Bad Kösen —así se llama la estructura— enfermaban menos que otras personas de la región. Los habitantes de la zona atribuían esto a la inhalación constante del aire cargado de sal durante sus jornadas.
Con el tiempo, esa observación transformó la economía local. Bad Kösen pasó de ser un centro productor de sal a convertirse en un destino termal.
El pintor Edvard Munch pasó por Bad Kösen para seguir un tratamiento, atraído por la reputación del lugar. El parque se amplió con jardines, instalaciones médicas y espacios para que los visitantes respiraran el aire medicinal. Aunque la producción de sal desapareció gradualmente, el Gradierwerk permanece como centro de la experiencia termal.
Ingeniería mecánica sin electricidad
Lo que sorprende a los visitantes no es solo el aroma. Una rueda hidráulica, conectada a manivelas y barras, extrae la salmuera del río Saale sin necesidad de motor ni electricidad. El mecanismo puro, basado únicamente en la fuerza del agua, bombea el líquido hasta la parte superior de la estructura.
Desde allí, el agua desciende mediante un viaducto de madera y comienza a escurrir lentamente por las ramas. Cuando alguien se acerca, percibe primero el sonido del flujo constante. Después, el aire más fresco, húmedo y salado envuelve al visitante y, por un momento, transmite la sensación de caminar junto al mar en este rincón del interior alemán.













