Una caminata de ritmo moderado modifica la actividad cerebral de maneras que van más allá del movimiento físico. El desafío para los científicos del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología Industrial Avanzada es separar los cambios causados por el ejercicio de los que resultan de repetir mentalmente la misma tarea.
La práctica repetida puede acelerar el desempeño y reducir la cantidad de actividad cerebral necesaria, lo que complica las conclusiones de cualquier experimento de ejercicio. Un estudio reciente separó estos efectos al comparar el impacto de caminar con el de permanecer sentado en adultos jóvenes y mayores.
Cómo se estructuró el estudio
El análisis incluyó a 16 adultos jóvenes con edad promedio de 25 años y 19 adultos mayores con edad promedio de 62 años. Los participantes mayores tenían buena salud general y pasaron por evaluaciones para descartar varios problemas graves de salud.
Cada persona completó una sesión de caminata y otra de reposo en días diferentes, separadas por al menos 48 horas y siempre a la misma hora del día. Durante el ejercicio, los participantes realizaron una caminata de 30 minutos en cinta rodante después de un calentamiento de cinco minutos.
La velocidad y la inclinación se ajustaron para mantener la frecuencia cardíaca entre el 50% y el 70% de la frecuencia máxima prevista para su edad.
Lo que reveló la resonancia magnética funcional
Antes y después de cada sesión, cada participante completó una tarea mental dentro de un escáner de resonancia magnética funcional. La técnica registra en tiempo real los cambios en el oxígeno sanguíneo vinculados con la actividad cerebral.
Los participantes observaban formas de distintos colores y debían clasificarlas a veces por forma y a veces por color, alternando entre esas dos reglas. Cada persona fue escaneada tres veces durante cada visita: antes de la sesión, aproximadamente 15 minutos después, y unos 45 minutos después.
Aunque los participantes practicaron la tarea durante al menos 10 minutos antes del primer escaneo, sus respuestas cerebrales continuaron cambiando conforme repetían la tarea mental.
Diferencias entre cerebros jóvenes y mayores
Los adultos mayores mostraron una actividad cerebral más amplia que los adultos jóvenes al cambiar de una regla a otra. La actividad extra apareció en varias regiones involucradas en la atención, el control, el movimiento y el procesamiento de la información.
Aunque fueron algo más lentos o menos precisos en las tareas básicas, la diferencia en el tiempo de reacción atribuida al cambio de reglas no difirió claramente entre los grupos. Los investigadores sugieren que los adultos mayores pueden reclutar más áreas cerebrales para mantener su desempeño, aunque más actividad cerebral no siempre significa mejor funcionamiento.
La flexibilidad cognitiva en el centro de la investigación
El estudio se centró en la flexibilidad cognitiva: la capacidad de cambiar de una regla a otra cuando la situación lo requiere. Este aspecto forma parte de la función ejecutiva, el control mental necesario para gestionar la atención y cumplir objetivos.
Con cada repetición de la tarea, la actividad cerebral disminuyó en varias regiones, mostrando que el cerebro se vuelve más eficiente a medida que se familiariza con el desafío. Los investigadores identificaron también que el ejercicio puede aumentar la actividad eléctrica en el hipocampo, una región clave para la memoria, poco después de la actividad física.
Una sola sesión de ejercicio moderado cambió los patrones de actividad cerebral, pero esos cambios no se tradujeron en mejoras claras del desempeño inmediato en las tareas evaluadas.













