Un terremoto de magnitud 8,8 sacudió la península de Kamchatka en julio de 2025 y reactivó el volcán Krasheninnikov después de casi cinco siglos de quietud. La última erupción del volcán ocurrió alrededor de 1550, y el sismo marcó un evento de gran importancia para esta región del extremo oriental de Rusia.
El movimiento telúrico no solo alteró la corteza terrestre: también activó el sistema magmático dormido bajo la montaña. Pocos días después del terremoto, el volcán comenzó a expulsar una columna de cenizas de seis kilómetros de altura, acompañada de flujos de lava y material fundido que bajaron por sus laderas.
Las autoridades locales confirmaron que no hay población en el recorrido de las columnas de ceniza, que se dispersaron hacia el océano Pacífico.
Vigilancia espacial del evento geológico
Para documentar los cambios provocados por la erupción, la misión NISAR —una colaboración entre la NASA y la agencia espacial india— observa el volcán desde la órbita. El satélite lo sobrevuela dos veces cada doce días y obtiene imágenes de alta precisión, independientemente de las condiciones meteorológicas o de la hora del día.
A diferencia de las cámaras convencionales, NISAR emite miles de señales de microondas por segundo hacia la superficie terrestre y analiza cómo rebotan en el terreno. Un procesador especializado convierte esos datos en imágenes detalladas. La lava refleja las ondas electromagnéticas con más intensidad que la nieve o el suelo circundante y, por eso, aparece más clara en los registros.
Lo que revelaron los videos acelerados
Los científicos utilizaron los registros mensuales del satélite para crear videos en lapso temporal sobre la evolución de la erupción. Las imágenes muestran cómo la lava llena progresivamente la cámara magmática más profunda del volcán y luego se desborda por las laderas, avanzando hacia el este en forma de abanico.
Los datos satelitales revelaron un hallazgo inesperado: además del flujo principal de material volcánico que avanza hacia el este, existe un segundo flujo de lava que se dirige hacia el noroeste. Esto sugiere que el volcán ya liberaba magma antes de que el satélite registrara sus primeras observaciones y que el proceso eruptivo se activó de manera gradual.
La erupción ocurre en una de las regiones con mayor actividad volcánica del planeta. El monitoreo desde el espacio permite vigilar fenómenos geológicos y entender cómo los terremotos pueden reactivar volcanes que permanecieron dormidos durante siglos.













