Una masa de hielo de 76 kilómetros cuadrados se desprendió del glaciar Petermann en Groenlandia, captada por satélites europeos a principios de agosto. Impulsado por las corrientes marinas del océano Ártico, este iceberg de 76 kilómetros cuadrados se aleja.
El bloque congelado mide aproximadamente 150 metros de espesor y representa una amenaza significativa para la navegación en el Ártico. Los fragmentos más pequeños que se separan del iceberg principal, complican la detección por satélite, lo que dificulta la prevención de colisiones en las rutas de barcos que atraviesan la región.
Señales previas del colapso
El glaciar Petermann llevaba varios meses mostrando indicios de inestabilidad y signos previos de deterioro. Las imágenes de radar revelaron un avance acelerado de las grietas en su superficie, anticipando lo que ocurrió a principios de agosto. Este desprendimiento constituye la pérdida más importante que ha sufrido el glaciar desde 2012, cuando también perdió una porción de hielo.
Investigadores de la Universidad de Leeds procesaron los datos satelitales para entender la dinámica del colapso. Según explicaron, las mediciones realizadas con inusual frecuencia permitieron observar casi en tiempo real cómo las fracturas crecían y se propagaban antes de que la ruptura final se completara.
Nuevos desprendimientos en el Horizonte
Los científicos prevén que se avecinan nuevas fracturas, dos áreas adicionales del glaciar de 94 y 84 kilómetros cuadrados respectivamente, están fracturadas. Si ambas secciones se desprendieran, la lengua de hielo se reduciría en un 22% respecto a su tamaño actual.
Desde la Universidad de Stirling subrayan la relevancia de monitorear estos procesos en el Ártico. Las observaciones por satélite continuarán documentando los cambios topográficos de Groenlandia en los próximos meses.













