Para un niño con condición del espectro autista, lograr la calma necesaria para participar activamente en una sesión terapéutica suele representar uno de los mayores desafíos. Un innovador estudio clínico liderado por la investigadora Caiti Peters en el Centro Ecuestre Temple Grandin de la Universidad Estatal de Colorado comprobó científicamente que la interacción con caballos genera un impacto positivo directo en la biología infantil.
A través de muestras de saliva, la investigación midió la presencia del cortisol, la hormona asociada al estrés, demostrando que la terapia ocupacional sobre el caballo disminuye significativamente los niveles de tensión en comparación con las sesiones tradicionales en un consultorio clínico.
Calma y concentración durante las sesiones terapéuticas
El ensayo contó con la participación de 72 niños de entre 6 y 11 años, divididos en grupos para recibir sesiones semanales de terapia ocupacional tanto en pista ecuestre como en consultorio. Los análisis mostraron que en ambos entornos la enzima alfa-amilasa —asociada con la atención y el esfuerzo mental— se elevó cerca de un 22%, confirmando que los niños se mantuvieron enfocados en el aprendizaje emocional.
Sin embargo, al medir la recuperación fisiológica 20 minutos después de la sesión, los pequeños que trabajaron con caballos mostraron una reducción adicional del 23% en sus niveles de cortisol frente al grupo de clínica. Esta combinación de menor ansiedad y mayor enfoque permitió potenciar las habilidades sociales de los participantes.
Un avance prometedor para la equinoterapia en Ecuador
En Ecuador, donde la atención a la neurodiversidad y el acceso a terapias integrales continúan ganando espacio en la agenda de salud pública y educación inclusiva, estos hallazgos aportan un valioso respaldo científico. Distintas fundaciones y centros especializados en ciudades como Quito, Guayaquil, Cuenca y Santo Domingo ofrecen programas de equinoterapia orientados a mejorar el desarrollo psicomotor y la comunicación en personas neurodivergentes.
La confirmación de que el contacto ecuestre regula el sistema nervioso refuerza la importancia de apoyar y formalizar estas iniciativas terapéuticas en el país. Promover la equinoterapia asistida por profesionales capacitados abre una alternativa científica para mejorar la calidad de vida, el bienestar emocional y la integración social de la niñez con autismo en la sociedad ecuatoriana.













