Dormir demasiado a los 50 años podría acortar el tiempo que a una persona le queda en el mercado laboral. Un análisis liderado por Saana Myllyntausta, de la Universidad de Turku, encontró que quienes duermen nueve horas o más por noche tienden a retirarse antes que quienes duermen entre siete y ocho horas y media.
La diferencia equivale a unos ocho meses y medio menos de trabajo remunerado. Dormir poco -menos de seis horas- algo que otras investigaciones ya habían vinculado con menor capacidad para trabajar, no mostró ningún efecto medible en este análisis.
Qué es la esperanza de vida laboral
El equipo, integrado por especialistas de Finlandia, Suecia y el Reino Unido, entre ellos investigadores del Finnish Institute of Occupational Health y del Finnish Institute for Health and Welfare, midió lo que se conoce como esperanza de vida laboral: los años que una persona de 50 años puede esperar seguir en un empleo remunerado.
Se trató de un estudio observacional, no de un ensayo controlado, así que los resultados muestran qué grupos permanecieron más tiempo en sus puestos. Sin demostrar que el descanso sea la causa directa de esa diferencia. Los resultados de este trabajo fueron publicados en la revista científica Occupational and Environmental Medicine.
Una brecha comparable a enfermedades crónicas
Ocho meses pueden parecer poco, pero el propio equipo comparó esa pérdida con la de otras condiciones ya estudiadas. Esa brecha resultó similar a la que produce cargar con una o dos enfermedades crónicas al mismo tiempo.
También coincide con la que generan dos o más factores de riesgo combinados, como la obesidad y el tabaquismo. La expectativa de vida profesional, además, varía de forma marcada entre grupos socioeconómicos: la diferencia entre los sectores más favorecidos y los más desfavorecidos puede llegar a cinco años.
Dos grupos, resultados distintos
La pregunta sobre horas de sueño se hizo una sola vez, en la primera encuesta que cada participante respondió al cumplir 50 años. Con esas respuestas se armaron tres categorías: menos de siete horas, entre siete y ocho horas y media, y nueve o más.
El análisis se construyó a partir de dos grupos de finlandeses muy diferentes entre sí. El más numeroso incluyó a 70.339 empleados de municipios y autoridades regionales de salud, cuatro de cada cinco mujeres, seguidos a través de sus registros de pensión hasta 2018.
Lo que mostraron los empleados públicos
Entre esos trabajadores, quienes dormían poco y quienes dormían un rango intermedio terminaron con 13,2 años de vida laboral por delante a los 50 años. Mientras que el grupo de nueve horas o más se quedó en 12,5. Es decir, dormir poco no restó tiempo de trabajo, pero dormir mucho sí recortó casi un año completo.
El segundo conjunto de datos fue más pequeño y menos homogéneo, aunque eso permitió observar algo distinto. Reunió a 6.071 adultos elegidos al azar entre la población finlandesa, de los cuales una quinta parte ya estaba fuera del empleo al momento de responder.
La brecha se amplía en otro grupo
Todos los integrantes de ese segundo conjunto partían con menos años disponibles desde el inicio. El grupo de sueño intermedio conservaba 9,7 años por delante a los 50, frente a apenas 7,2 entre quienes dormían nueve horas o más, una brecha cercana a dos años y medio.
El patrón resultó mucho más marcado en este segundo conjunto que entre los empleados públicos del primero. Ese último grupo tenía la particularidad de que todos estaban trabajando a los 50 años, lo que probablemente los hacía, en promedio, más saludables.
La calidad del descanso también cuenta
Cuando los investigadores repitieron el cálculo excluyendo a los adultos sin empleo del segundo conjunto, las diferencias entre ambos grupos se redujeron. La cantidad de horas es un factor, pero la calidad del descanso es otro completamente distinto.
Solo a los empleados públicos se les consultó sobre esto, con cuatro preguntas centradas en las últimas cuatro semanas: dificultad para conciliar el sueño. Dificultad para mantenerlo, despertarse demasiado temprano y levantarse sin sensación de descanso.
Quienes no reportaron ninguno de esos problemas, salvo alguna noche aislada, conservaban 13,4 años por delante a los 50 años. Ese dato confirma que no solo importa cuánto se descansa, sino en qué condiciones transcurre esa etapa, un factor que hasta ahora quedaba fuera de los cálculos habituales sobre el retiro.













