En la tranquila Isla de Itamaracá, Pernambuco, una historia de ingenio y sostenibilidad ha capturado la atención de muchos. Edna Dantas y su hija Maria Gabrielly Dantas transformaron 8.000 botellas de vidrio en un asombroso hogar ecológico en apenas dos años. La construcción, conocida como la Casa de Sal, se erige como un símbolo de innovación y conciencia ambiental en medio del paisaje brasileño.
Una solución de vivienda innovadora
Todo comenzó en 2019, cuando Edna y Maria Gabrielly se mudaron a la Playa do Sossego y enfrentaron la falta de vivienda adecuada y el problema del descarte descontrolado de residuos. La abundancia de botellas de vidrio en la isla, un material desechado pero raramente reciclado, inspiró a estas mujeres a aprovecharlo como principal recurso constructivo. La casa, que hoy cuenta con siete habitaciones, se construyó usando no solo botellas, sino también madera y muebles recuperados.
El proceso de construcción
La construcción de la Casa de Sal empezó en mayo de 2020, cubriendo inicialmente solo 17 metros cuadrados. Las botellas fueron colocadas verticalmente y fijadas con argamasa, creando una estructura sólida y visualmente impresionante. Este método no solo ofreció resistencia, sino que también creó una estética única cuando la luz solar atraviesa las paredes. La comunidad local participó activamente, contribuyendo con botellas recolectadas en bares, restaurantes y a través del apoyo de vecinos y turistas.
Desafíos enfrentados y lecciones aprendidas
A lo largo del proyecto, Edna y Maria Gabrielly enfrentaron resistencia del sector de la construcción. Muchas veces cuestionadas, perseveraron pese a los desafíos, incluido el machismo y el racismo. Optaron por realizar gran parte del trabajo ellas mismas, buscando apoyo solo para tareas específicas. Esta experiencia no solo resultó en un hogar sustentable, sino también en un manifiesto de independencia y determinación frente a las normas tradicionales de la construcción.
Un hogar hecho de esperanza
Además de las botellas de vidrio, la construcción integró otros materiales. La madera reciclada se utilizó en vigas y marcos, complementando la estructura. Cada rincón de la casa refleja no solo una solución ecológica, sino también el compromiso de sus creadoras con un futuro más sostenible.
En conclusión, la Casa de Sal representa un esfuerzo tangible en la reutilización de residuos. Desde su inicio en 2019 hasta su culminación en 2022, el proyecto ha mostrado cómo los desechos pueden convertirse en recursos. En 2026, la Casa de Sal sigue siendo un testimonio del poder de la creatividad y la resiliencia, inspirando a otros a replantear lo que consideramos basura, transformándola en belleza y funcionalidad.





