El seguimiento de trabajadores mostró que pasar la jornada en casa reduce significativamente el movimiento corporal. La investigación de la Universidad de Turku analizó a 97 empleados durante una semana completa mediante sensores fijados al muslo. El estudio registró que, en los días remotos, las personas pasaban 44 minutos más sentadas y realizaban 58 minutos menos de actividad física.
El estudio, publicado en el International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity, demuestra que el entorno laboral influye directamente en el nivel de actividad diaria.
Cómo se midió la actividad física
Los investigadores de la Universidad de Turku monitorearon a empleados universitarios que alternaban entre la oficina y el trabajo desde sus domicilios. Como cada persona se comparó consigo misma, el estudio pudo aislar qué cambiaba cuando dejaba el escritorio de la oficina por el hogar. Sin depender de percepciones personales sobre el nivel de movimiento.
Los resultados mostraron diferencias claras: en las jornadas presenciales, los empleados acumulaban unas 10 horas sentados y 50 minutos de actividad física vigorosa. En casa, aumentaba el tiempo sedentario, se reducía la actividad ligera y disminuía la actividad vigorosa. El tiempo que normalmente pasaban de pie y en movimiento era reemplazado por tiempo sedentario.
Por qué el hogar aumenta el sedentarismo
Los desplazamientos al trabajo, las reuniones presenciales y las interrupciones rutinarias obligan a cambiar de postura, algo que el trabajo remoto no ofrece. Estar de pie durante los traslados y las transiciones naturales de la jornada laboral desaparece cuando todo ocurre bajo el mismo techo.
El tiempo en cama no mostró diferencias entre ambos tipos de días. La diferencia decisiva estuvo en el paso de estar de pie y en movimiento a permanecer sentado e inmóvil, porque faltaban los quiebres naturales que caracterizan la jornada presencial.
Estrategias simples para contrarrestar el efecto
Eso no significa que el trabajo remoto sea perjudicial para la salud, pero quienes trabajan en modalidad híbrida o totalmente desde casa deben compensar de forma deliberada esa reducción del movimiento. Permanecer de pie durante las llamadas telefónicas, reemplazar las pausas para el café por breves caminatas o programar descansos para cambiar de postura puede ayudar a reducir esa diferencia.
El trabajo desde casa, pese a sus ventajas de comodidad y flexibilidad, tiene un costo medible en la actividad cotidiana.













