Pocas bebidas están tan arraigadas en la rutina latinoamericana como el café. Caliente, fuerte, con leche o solo. Más allá de ahuyentar el sueño, sus efectos alcanzan múltiples sistemas del cuerpo.
La cafeína, las vitaminas, los minerales y los compuestos bioactivos, como los polifenoles, actúan en distintas partes del organismo. En adultos sanos, se considera seguro consumir hasta 400 miligramos al día: el equivalente a tres o cuatro tazas medianas de café colado o hasta cinco tazas pequeñas de expreso.
Protege el corazón
Las investigaciones a gran escala asocian el consumo moderado con un menor riesgo de insuficiencia cardíaca, afección en la que el órgano pierde eficiencia para bombear sangre. Los polifenoles, compuestos antioxidantes presentes en la bebida, combaten los radicales libres y participan en la defensa celular.
Ayuda en el control del peso
El consumo de café estimula el sistema nervioso simpático e impulsa la liberación de adrenalina. De este modo, favorece la movilización de la grasa almacenada en las células para que se utilice como fuente de energía. El efecto es modesto y no reemplaza una alimentación balanceada ni la actividad física regular.
Reduce el riesgo de diabetes tipo 2
Un estudio de aproximadamente 200 mil personas en Estados Unidos, Europa y Asia detectó una asociación entre el consumo regular y moderado y un menor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. El resultado también se observó en quienes consumen la versión descafeinada, lo que sugiere que otros compuestos del grano intervienen más allá de la cafeína.
El beneficio, sin embargo, depende también de un patrón alimentario saludable.
Mejora la función respiratoria
Este compuesto actúa como broncodilatador y reduce temporalmente la fatiga de los músculos que participan en la respiración. Investigaciones señalan una mejoría en la función pulmonar algunas horas después del consumo. Además, existe asociación entre la ingesta moderada y una menor frecuencia de síntomas típicos del asma.
Estimula el intestino
La bebida impulsa la liberación de sustancias que intervienen en los movimientos del intestino grueso, acelerando el tránsito intestinal. También favorece la descarga de bilis por la vesícula biliar, por lo que muchas personas la consumen por la mañana como detonante para evacuar.
Según un estudio de la Universidad de Texas, este efecto ocurre tanto con la versión normal como con la descafeinada. La bebida puede actuar como antibacteriano y favorecer el equilibrio de la microbiota intestinal.
Favorece la memoria
El café influye en el funcionamiento cerebral, y las investigaciones indican una mejoría en la consolidación de ciertos tipos de memoria tras su consumo. Estos efectos pueden persistir hasta 24 horas después de ingerir la bebida.
Quiénes deben tener precaución
El café no se tolera igual en todas las personas. Las mujeres embarazadas y las que amamantan deben limitar su consumo, ya que puede interferir en mecanismos cruciales para el desarrollo del bebé. El Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos recomienda no superar 200 miligramos diarios.
Las personas con gastritis o reflujo pueden experimentar un empeoramiento de los síntomas, porque el café aumenta la secreción gástrica. Las personas especialmente sensibles también pueden tener insomnio, agitación, temblores o palpitaciones incluso con cantidades menores. En quienes tienen ansiedad, el café puede intensificar el nerviosismo, los temblores y la aceleración de los latidos cardíacos.
Incluso las personas sanas pueden presentar insomnio, ansiedad, palpitaciones, temblores, dolor de cabeza, náuseas y aumento de la frecuencia cardíaca si superan la dosis diaria segura.













