Responder el chat del trabajo mientras se atiende una videollamada o revisar el móvil en medio de una reunión se convirtió en parte de la rutina diaria de muchos adultos. La neurocientífica Nazareth Castellanos advierte que dividir la atención entre varias tareas afecta el estado de ánimo y la memoria.
Según explicó Castellanos, consumir muchos recursos neuronales a la vez provoca una fuerte sensación de cansancio. La especialista vincula este hábito con los despistes y la pérdida de concentración. El agotamiento después de una jornada llena de tareas simultáneas no siempre significa que el trabajo se haya hecho bien.
Por qué el cerebro no es una computadora
La idea de que atender varias cosas a la vez multiplica el rendimiento choca con cómo opera realmente la mente humana. Una máquina sí puede ejecutar procesos en paralelo, pero el cerebro, según la teoría que menciona Castellanos, salta a gran velocidad de una actividad a otra en lugar de procesarlas juntas.
Ese salto constante obliga a reorganizar la atención cada vez que se cambia de tarea, lo que eleva el esfuerzo mental necesario para terminar cualquier actividad. Lejos de ahorrar tiempo, la alternancia permanente entre pendientes distintos añade una carga que el organismo termina pagando con fatiga.
La comparación con el GPS que cambia de ruta
Para ilustrar este mecanismo, la neurocientífica recurre a la imagen de un navegador cuyo destino cambia a cada minuto. Cada nueva dirección obliga al sistema a recalcular la ruta desde cero, sin aprovechar el camino ya recorrido.
Algo similar ocurre en el cerebro cuando se interrumpe una tarea para iniciar otra sin haberla terminado. El cerebro necesita volver a ubicarse y entender qué sigue. Ese proceso se repite una y otra vez y desgasta la capacidad de mantener la concentración durante periodos largos.
El precio en memoria y estado de ánimo
Los efectos de dividir la atención entre varias actividades no se limitan al cansancio físico. Castellanos relaciona los cambios continuos de actividad con olvidos frecuentes, distracciones y una sensación de insatisfacción al final del día.
La pérdida de memoria explica buena parte de esos despistes cotidianos, junto con la dificultad creciente para sostener la atención en un solo punto. Estar ocupado durante toda la jornada no garantiza haber dedicado tiempo real a una tarea concreta.
Entrenar la atención como solución
Para reducir ese desgaste, la neurocientífica propone una salida que no depende de grandes cambios, sino de constancia. Entender lo que sucede dentro del cerebro no basta: hace falta incorporar pequeños ajustes a la rutina diaria para cambiar el hábito.
Entrenar la atención, aunque sea durante un periodo breve al principio, puede reducir la dependencia de la multitarea. Castellanos recomienda comenzar con unos segundos o un minuto de concentración y aumentar el tiempo de forma gradual. Reconoce que mantener la atención resulta más difícil de lo que parece, especialmente para quien está habituado a cambiar constantemente de estímulo.
La práctica repetida permite recuperar parte de la capacidad de enfoque que el cambio continuo de tareas termina erosionando.
Por qué el cerebro necesita «reajustarse» al cambiar de tarea
Cuando interrumpes una actividad para comenzar otra, tu cerebro no se limita a «pausar» la primera y abrir la segunda como pestañas de un navegador. Debe reorganizar por completo su enfoque: soltar los detalles de la tarea anterior, entender los nuevos parámetros de la siguiente y ubicarse mentalmente en ese contexto.
Este reajuste no es instantáneo ni gratuito: consume recursos neuronales cada vez que ocurre.
El cerebro pasa de una actividad a otra a gran velocidad, pero esa velocidad no elimina el costo. Cada cambio obliga a reorganizar la atención, un proceso que se repite cuando practicas multitarea. A diferencia de una computadora que puede ejecutar procesos en paralelo, tu mente paga un peaje cada vez que cambia de dirección.
Cómo entrenar tu atención paso a paso
Castellanos propone un enfoque gradual y realista para recuperar la capacidad de concentración:
- Comienza con periodos muy breves: incluso unos segundos o un minuto concentrado en una única tarea
- Elige una actividad simple para el primer ejercicio, sin interrupciones ni estímulos externos
- Practica de forma repetida y constante; reconoce que mantener la concentración es más difícil de lo que parece, especialmente si estás habituado a cambiar constantemente de estímulo
- Aumenta progresivamente el tiempo de enfoque a medida que notes mejoría
- Introduce pequeños cambios en tu rutina diaria para que el entrenamiento sea sostenible
La solución no requiere transformaciones drásticas, sino constancia. La práctica repetida permite recuperar parte de la capacidad de enfoque que el cambio continuo de tareas erosiona.













