A los 63 años, Arthur Schopenhauer publicó en 1851 una reflexión que redefinió cómo entendemos el envejecimiento.
En la obra Parerga y Paralipomena , el filósofo alemán escribió que los primeros cuarenta años de vida ofrecen el texto, mientras que los treinta siguientes proporcionan el comentario. La metáfora explica por qué ciertas experiencias solo adquieren sentido con el paso del tiempo. Esta comparación, simple pero profunda, describe dos etapas completamente distintas de la existencia.
Durante esas cuatro décadas, la vida está marcada por la acción constante: la elección de una profesión, la búsqueda de pareja, los cambios de ciudad y los cambios de rumbo. Es una etapa de movimiento incesante, en la que se construye una historia personal sin pausas para interpretarla de verdad.
Cuando cambia el tono de las preguntas
En la juventud, uno se pregunta «Qué voy a hacer?». Después de los cuarenta, esa pregunta cambia: ahora es «Por qué hice eso?». Ese desplazamiento es precisamente lo que Schopenhauer llamó «comentario»: el trabajo de establecer conexiones entre experiencias que, cuando ocurrieron, parecían desconectadas o inevitables.
Con los años, las motivaciones propias y ajenas se vuelven más legibles. Las máscaras caen, los papeles se revelan y los patrones ocultos en las decisiones anteriores aparecen con claridad. No es amargura, sino claridad, e es la capacidad de observar los errores, reconocer razones ignoradas y entender acciones que antes resultaban enigmáticas.
El lado menos conocido del filósofo
Arthur Schopenhauer es recordado principalmente por su visión pesimista del mundo y por considerar inevitable el sufrimiento. Pero la frase sobre el texto y el comentario revela un lado menos conocido: el del filósofo que encontró en el paso del tiempo una forma de consuelo y profundidad. La segunda mitad de la vida no es declive, sino una lectura profunda.
La comprensión que solo llega con la edad
La madurez no borra el pasado, sino que lo ilumina desde otro ángulo. La capacidad de interpretar situaciones complejas, tolerar la ambigüedad y reconocer perspectivas diferentes suele crecer con la edad. Estudios contemporáneos de psicología del envejecimiento confirman la intuición de Schopenhauer: la madurez trae ganancias reales en comprensión emocional.
El «comentario» de Schopenhauer no es una condena del pasado, sino una invitación a comprenderlo. Entender lo vivido es, en sí mismo, una forma de crecimiento. Esa claridad que solo proporciona el tiempo transforma la manera de experimentar la propia trayectoria y convierte lo que antes parecía caótico en una historia coherente y significativa.
Por qué Schopenhauer escribió sobre esto a los 63 años
La frase sobre el texto y el comentario no aparece casualmente en la obra de Schopenhauer. Aparece en Parerga y Paralipomena, publicados cuando el propio filósofo tenía 63 años, justo fuera del ámbito del «comentario» que él mismo describía. Este fue su gran éxito, el libro que lo rescató del anonimato en el que vivió durante décadas.
Hasta entonces, sus ideas pesimistas sobre la existencia no habían convencido a ningún lector. Fue solo en la segunda mitad de su vida cuando su obra alcanzó reconocimiento e influencia.
La frase que escribe es, por lo tanto, también un testimonio personal: es el reflejo de un hombre que finalmente comprendió su propia trayectoria de fracaso y aislamiento como parte de un patrón más amplio. Schopenhauer no hablaba simplemente como un teórico, sino como alguien que vivía, en ese preciso instante, el proceso que describía.













