Rusia dio un nuevo paso en la modernización de su flota naval con el inicio de la construcción del submarino nuclear Murmansk, una embarcación de la clase Yasen-M diseñada para misiones de ataque de largo alcance.
El proyecto forma parte del plan estratégico del país para reforzar su capacidad militar en los océanos mediante submarinos más avanzados y con mayor autonomía.
Con una eslora de 130 metros, una manga de 13 metros y un desplazamiento sumergido de 13.800 toneladas, el Murmansk está preparado para operar durante hasta 100 días sin necesidad de apoyo externo.
Su sistema de propulsión utiliza un reactor nuclear de agua presurizada de 190 MW, que le permite alcanzar velocidades de hasta 31 nudos bajo el agua y descender a profundidades cercanas a los 600 metros.
Un submarino diseñado para misiones estratégicas
La ceremonia de colocación de la quilla tuvo lugar el 17 de junio y convirtió al Murmansk en el noveno submarino del Proyecto 885M, una evolución de la clase Yasen.
Actualmente, varias unidades ya se encuentran en servicio dentro de la Armada rusa, mientras otras continúan en distintas fases de construcción y pruebas.

Uno de los principales objetivos de este programa es renovar la flota de submarinos de ataque con plataformas más silenciosas, automatizadas y capaces de operar durante largos periodos lejos de sus bases.
Capacidad para lanzar misiles hipersónicos
El submarino incorpora diez sistemas de lanzamiento vertical, capaces de transportar hasta 32 misiles de diferentes tipos.
Entre ellos se encuentran los misiles de crucero Kalibr, los antibuque Oniks y los hipersónicos Zircon, considerados algunos de los armamentos más avanzados del arsenal ruso.
Con este proyecto, Rusia busca fortalecer su presencia naval y mantener el desarrollo de tecnologías militares de última generación en un contexto de creciente competencia estratégica entre las principales potencias.





