La frase persa «Esto también pasará» busca expresar una verdad sobre la existencia: nada permanece inmóvil. Tanto el sufrimiento como la alegría son estados transitorios, y comprenderlo transforma la forma en que enfrentamos cada etapa de la vida.
El principio central de este adagio milenario es la impermanencia. Ninguna emoción ni circunstancia material dura para siempre. Reconocerlo cultiva la paciencia interior y fortalece la capacidad de resistir los desafíos cotidianos.
Cómo llegó la máxima al occidente
El origen preciso de la frase permanece desconocido, aunque se asocia con un relato tradicional sobre un sabio monarca. Esta antigua historia refleja una verdad esencial sobre el tiempo y los ciclos del destino que los seres humanos atraviesan constantemente.
El escudo psicológico en tiempos de crisis
Durante los períodos de turbulencia, recordar esta frase funciona como una protección emocional. Las crisis agudas parecen interminables mientras ocurren, pero comprender que las circunstancias cambian reduce la angustia y refuerza la resiliencia necesaria para avanzar.
Cuando la persona percibe el sufrimiento como un estado pasajero, disminuyen la desesperación y la sensación de estancamiento. Esta actitud permite mantener la serenidad necesaria para tomar decisiones complejas y entender cada dificultad como una etapa temporal de crecimiento personal.
Moderación en el triunfo
La máxima cobra aún más profundidad cuando se aplica a momentos de éxito y reconocimiento. El triunfo desmedido puede crear la ilusión de un control absoluto. Por eso, recordar que el prestigio también es pasajero resulta indispensable en la trayectoria humana.
Reconocer la finitud de las conquistas evita que la vanidad domine las acciones y dañe las relaciones. Vivir la gloria con sobriedad permite disfrutar los logros con autenticidad y construir una actitud basada en el respeto mutuo y la humildad genuina.
Pilares fundamentales de la impermanencia
La sabiduría antigua se sustenta en tres fundamentos clave que orientan la aceptación de los ciclos de la vida:
- La certeza de que el sufrimiento es temporal y genera aprendizaje valioso.
- La moderación en el éxito para evitar la vanidad y el apego excesivo a los logros.
- La valorización del presente con serenidad y gratitud continua.
Aplicación práctica en la vida cotidiana
Esta enseñanza sirve como una brújula moral que equilibra los sentimientos en cualquier circunstancia. Al evitar tanto la euforia excesiva como el desánimo paralizante, la persona desarrolla una visión estable, capaz de mantener la claridad mental y el equilibrio interior.
Aceptar la dinámica natural de las circunstancias fortalece la madurez emocional y promueve decisiones lúcidas. Practicar la paciencia consciente durante las crisis ayuda a mantener ese equilibrio.
Mantener la humildad ante los reconocimientos públicos y cultivar la gratitud genuina por cada experiencia presente son actitudes que transforman la forma de interpretar los acontecimientos diarios sin crear ilusiones sobre la realidad.













