El róver Perseverance descubrió en el cráter Jezero un registro geológico que complica la historia del agua marciana. Las rocas de la llamada Unidad Marginal, analizadas por la NASA, muestran huellas de distintos episodios de actividad acuosa, y no de un único evento como se creía.
El hallazgo obliga a repensar cómo llegó el líquido a esa zona del cráter. Los minerales conservados en las rocas revelan que el agua circuló por caminos diferentes y en momentos separados de la historia del planeta.
La formación llamó la atención del equipo científico apenas Perseverance alcanzó, en septiembre de 2023, el borde interior de Jezero, junto a lo que fue la antigua línea de costa. Desde la órbita se habían detectado abundantes minerales carbonatados, así que se esperaba hallar sedimentos formados por arcillas y limos acumulados con el tiempo.
Una roca que no encajaba con lo previsto
En cambio, el róver se topó con una formación de origen ígneo, vinculada a magma enfriado lentamente bajo la superficie o a procesos volcánicos. Esa diferencia terminó siendo clave, porque los cristales de la roca guardaban señales químicas de transformaciones posteriores.
El mineral central de este relato es el olivino, rico en magnesio y hierro, presente en buena parte de la Unidad Marginal. En las zonas más altas, Perseverance halló cristales gruesos casi intactos, con pocas marcas de contacto con agua, algo propio de un cuerpo de magma enfriado despacio en profundidad.
El lecho del lago cuenta otra historia
Más abajo, donde antes se ubicaba el fondo del lago, el panorama cambia por completo. Los granos de olivino aparecen fracturados y mezclados con sílice y carbonatos. Un patrón que llevó al equipo a reconstruir una secuencia de alteraciones que no corresponde a un solo episodio de agua.
La primera transformación se produjo cuando aguas subterráneas cargadas de dióxido de carbono atravesaron las fracturas del olivino y reaccionaron con la roca. Ese proceso dejó vetas y relieves de carbonato que todavía se distinguen, después de que el material más blando a su alrededor se desgastara con el tiempo.
El papel del antiguo lago en la mezcla
Antes de estudiar la Unidad Marginal, la hipótesis principal sostenía que el carbonato visto desde la órbita se había formado por la interacción directa con el lago que ocupó el cráter Jezero. Según explicó en un comunicado Candice Bedford, investigadora de la Universidad de Purdue y autora principal del trabajo.
Los nuevos datos indican que esa idea resultaba insuficiente para explicar todo lo que ocurrió en el lugar. Una segunda fase de cambios parece ligada al propio lago de Jezero. Las rocas situadas por debajo de la antigua línea de agua muestran una concentración mayor de sílice, mineral que puede surgir como resultado de la transformación del olivino en carbonato.
Algunas rocas de la Unidad Marginal también contienen sílice, según indicó Eleni Ravanis, científica planetaria de la Universidad de Hawái.
Con estas piezas, el equipo científico arma un mapa de piscinas hidrotermales y aguas subterráneas que se sucedieron en distintos momentos de la historia marciana. Mucho antes de que el planeta perdiera su atmósfera densa y su superficie se volviera árida como la conocemos hoy.













