Dejar tapitas de plástico con un poco de líquido fermentado sobre la tierra de las macetas es un truco muy popular entre quienes cultivan plantas en casa. La técnica busca frenar el avance de las babosas sin recurrir a insecticidas ni productos químicos sobre las hojas.
El olor de la bebida atrae a estos moluscos, que se acercan al recipiente y terminan atrapados dentro. Así, la técnica reduce su presencia en canteros y huertas familiares sin rociar nada sobre el follaje.
Para qué sirve este método casero
La trampa no actúa como fertilizante ni como repelente: su función es exclusivamente atraer a las babosas hacia un punto fijo. De esta manera se evita que sigan alimentándose de brotes tiernos, que son los más expuestos a esta plaga.
Entre las ventajas que destacan quienes ya lo probaron están el bajo costo, la facilidad para conseguir los materiales en cualquier casa y la posibilidad de cuidar macetas, canteros y huertas sin aplicar químicos directamente sobre las plantas.
Cómo armar la trampa paso a paso
Solo se necesitan tapitas de plástico limpias y una pequeña cantidad de bebida alcohólica de baja graduación. Basta con poner un poco en cada recipiente para que el aroma atraiga a las babosas.
Después hay que ubicarlas directamente sobre la tierra, cerca de las plantas afectadas, preferentemente en zonas húmedas o con sombra, donde suele concentrarse mayor actividad nocturna de estos animales. Conviene revisarlas seguido y renovar el contenido cuando pierda olor o se ensucie, ya que no hace falta llenarlas del todo para que funcionen.
Dónde ubicar las trampas para mejores resultados
Las trampas dan mejores resultados cuando se instalan cerca de las plantas ya dañadas, sobre todo en sectores donde se detectó actividad después de la lluvia o durante la noche.
Las especies de hojas blandas, como lechugas, hostas, albahaca y otras plantas jóvenes, suelen ser las preferidas de estos moluscos y merecen atención especial a la hora de distribuir los recipientes por el jardín.
Qué cuidados hay que tener
Este recurso casero no elimina por completo una infestación y exige mantenimiento constante para sostener sus efectos con el paso de los días. Conviene retirar los recipientes una vez cumplida su tarea para evitar malos olores o la atracción de otros insectos.
Tampoco conviene volcar el líquido directamente sobre el sustrato ni usarlo como abono, porque no aporta nutrientes al crecimiento vegetal y puede favorecer la aparición de hongos si se aplica sobre la tierra sin control.













