Desbloquear la pantalla decenas de veces al día pesa más sobre la mente que acumular varias horas de uso continuo, según coinciden distintas investigaciones recientes. No es la duración total frente al aparato lo que más afecta, sino la cantidad de interrupciones breves que la persona hace durante la jornada.
Ese patrón repetitivo de consultas cortas explica buena parte de la sobrecarga mental que sienten muchos usuarios, según registran estudios hechos en Finlandia, Turquía, Singapur y Estados Unidos.
En Brasil, un análisis de la Universidad Federal de Minas Gerais encontró además una relación entre el uso excesivo del celular y trastornos como el insomnio y la ansiedad en personas mayores de 60 años.
Lo que muestran los datos de actividad
Con 277 personas monitoreadas durante siete meses y más de 13,8 millones de registros de actividad. La Universidad de Aalto, en Finlandia, halló que el tiempo acumulado de conexión no anticipaba con precisión el nivel de agobio de los participantes.
Quienes acababan más saturados no eran los que pasaban más horas conectados. Sino los que volvían al teléfono una y otra vez en lapsos breves, según explicó Henrik Lassila, autor principal del trabajo. Las sesiones cortas y repetidas, separadas por pausas de inactividad, resultaron ser el mejor indicador de que esa sobrecarga aumentaría después.
La Singapore Management University llegó a una conclusión parecida: los fallos de memoria y las caídas de concentración se explican mejor por la frecuencia con la que alguien revisa el celular que por el tiempo total frente a la pantalla.
Saltar constantemente entre el teléfono y otra tarea le exige al cerebro un esfuerzo que termina por afectar la capacidad de mantener el foco en una sola cosa.
Cuántas veces se desbloquea el teléfono al día
Investigaciones hechas en Reino Unido y Corea del Sur ubicaron alrededor de 110 desbloqueos diarios como el umbral asociado a un uso problemático del celular.
El psicólogo Larry Rosen, después de ocho años estudiando el fenómeno, encontró que adolescentes y adultos jóvenes suelen abrir el teléfono entre 50 y más de 100 veces por día. Con pausas de 10 a 20 minutos entre cada consulta durante las horas despiertos.
El impacto del celular en los mayores de 60 años
Un artículo de la Universidad Federal de Minas, que revisó los 20 trabajos más relevantes sobre el tema, identificó que la nomofobia —el miedo a quedarse desconectado— también aparece con fuerza entre los adultos mayores.
Renata Maria Silva Santos, investigadora del Instituto Nacional de Ciências e Tecnologia vinculado a la UFMG. Describió esa sensación como un malestar generalizado ante la posibilidad de perder la conexión, ya sea por falta de batería o de internet. Los datos analizados abarcaron a 50 mil personas mayores, 11 mil de ellas en Brasil, en investigaciones sostenidas durante 11 años.
Según explicó la investigadora, ese grupo enfrenta mayor dificultad para reconocer noticias falsas y queda más expuesto a estafas. Sin que exista para ellos una noción clara de cuánto tiempo de pantalla resulta razonable, algo que sí se ha discutido más para adolescentes.
El sueño y la vida diaria, entre los más afectados
El estudio brasileño también vinculó el uso intensivo de pantallas con una peor calidad de sueño en la vejez. El caso de una mujer de 80 años ilustra ese efecto: pasa buena parte de la noche jugando en el celular y termina sin energía para actividades que antes hacía sin problema, como asistir a la hidrogimnasia.
Su hija cuenta que, aunque sigue activa en el grupo de gimnasia por redes sociales, la participación física real disminuyó desde que las noches se alargan frente a la pantalla. Aun así, ella misma reconoce que el celular también le trae momentos de disfrute.
El tiempo total frente al celular sigue siendo relevante. Pero el foco de estas investigaciones está cada vez más puesto en la forma en que ese tiempo se distribuye a lo largo del día.













