Dos a tres tazas diarias de café, una bebida presente en las mañanas de muchos ecuatorianos, se asocian con niveles más bajos de estrés y ansiedad, según una investigación internacional. El hallazgo también apunta a un menor riesgo de depresión entre quienes mantienen ese consumo moderado.
El estudio siguió a más de 460.000 adultos durante aproximadamente 13 años, período en el que se registraron más de 18.000 nuevos casos de trastornos de humor y estrés. Quienes bebían esa cantidad moderada mostraron mejores indicadores emocionales en comparación con quienes bebían poco o se excedían.
Lo que revelan los datos del seguimiento
El patrón fue más marcado entre los hombres participantes del estudio. Los resultados se publicaron en la revista Journal of Affective Disorders y llamaron la atención porque el beneficio se repitió en distintas presentaciones de la bebida: la tradicional, la instantánea, la molida e incluso la descafeinada.
La variación genética de cada persona en el metabolismo de la cafeína no modificó de forma relevante la relación entre el hábito y el estado de ánimo. Esto sugiere que el vínculo se mantiene más allá de cómo cada organismo procesa la sustancia.
No solo la cafeína explicaría el efecto
Este resultado abre la puerta a otra explicación: la cafeína no sería la única responsable del mejor estado de ánimo observado. Los compuestos antioxidantes presentes en el grano también intervendrían al favorecer el funcionamiento cerebral y ayudar a controlar procesos inflamatorios ligados al estrés.
Por eso, las versiones sin cafeína también mostraron algún grado de asociación con mejores resultados emocionales entre los participantes. La idea de que el efecto va más allá del simple estímulo energético gana fuerza con esa asociación.
El límite que conviene no cruzar
Superar las cinco tazas diarias reduce los efectos positivos y puede causar irritabilidad, insomnio y un aumento de la ansiedad.
Cuando se sobrepasa esa cantidad, el propio cuerpo suele señalarlo con cansancio o nerviosismo. Según lo observado durante los 13 años de seguimiento, ese equilibrio permite disfrutar del ritual diario sin perjudicar el bienestar emocional.













