Los seres humanos adultos suelen tener 32 dientes, mientras que algunas especies animales presentan cantidades muy superiores.
Entre los casos más llamativos está el tiburón anguila o tiburón de gorgera (Chlamydoselachus anguineus), conocido por sus cerca de 300 dientes.
Sin embargo, hace aproximadamente 105 millones de años existió un animal que superaba ampliamente esa cifra: el Nigersaurus taqueti, un dinosaurio herbívoro con alrededor de 500 dientes funcionales.
Este dinosaurio habitó el territorio que actualmente corresponde a Níger, en África, durante el Cretácico. Medía aproximadamente 9 metros de longitud y pesaba cerca de dos toneladas.
A pesar de su tamaño, tenía una estructura craneal sorprendentemente ligera y una mandíbula especializada para alimentarse de vegetación situada muy cerca del suelo.

Una boca diseñada para cortar vegetación
La característica más peculiar del Nigersaurus estaba en la parte delantera de su cabeza. Su hocico era ancho y relativamente recto, con numerosos dientes agrupados en baterías dentales que funcionaban de manera similar a pequeñas cuchillas.
En lugar de triturar los alimentos como hacen muchos herbívoros, el dinosaurio habría utilizado este sistema para cortar rápidamente plantas bajas.
Los estudios sobre su anatomía indican que mantenía la cabeza orientada hacia el suelo, una posición compatible con este tipo de alimentación.


Reproducción: Wikipedia/Ghedoghedo

La dieta también ayuda a explicar el desgaste extremo de sus dientes. Las plantas que crecían cerca del suelo podían contener partículas de arena y otros materiales abrasivos, lo que sometía las piezas dentales a un uso constante.
Los dientes se renovaban a una velocidad extraordinaria
El número de dientes no era la única particularidad. El Nigersaurus contaba con un mecanismo de reemplazo continuo que permitía sustituir cada pieza aproximadamente cada 14 días.
Detrás de los dientes que estaban en uso podían desarrollarse varias piezas de reemplazo, llegando a existir hasta siete dientes sucesores en determinadas posiciones.
Los científicos pudieron estimar esta velocidad de renovación mediante el análisis de las líneas microscópicas de crecimiento presentes en los dientes fosilizados. El sistema permitía compensar rápidamente el desgaste producido durante la alimentación.
Un dinosaurio reconstruido a partir de fósiles
El conocimiento actual sobre el Nigersaurus se debe a diferentes expediciones y hallazgos realizados en Níger. La especie fue descrita formalmente en 1999, después de que nuevas investigaciones proporcionaran material fósil suficiente para comprender mejor sus características.
Los paleontólogos también utilizaron tomografías computarizadas para reconstruir digitalmente su cráneo y estudiar la posición de los huesos.
Estos análisis ayudaron a revelar la extraordinaria fragilidad de algunas estructuras y a comprender cómo funcionaba una de las bocas más inusuales conocidas entre los dinosaurios.
Así, más que destacar únicamente por sus 500 dientes, el Nigersaurus representa un ejemplo de adaptación extrema: una mandíbula especializada, una alimentación a ras del suelo y una capacidad de renovación dental que mantenía su sistema de alimentación operativo pese al desgaste constante.













