El vehículo submarino autónomo, llamado Ran, recorrió más de 1.000 kilómetros bajo el hielo antártico durante 27 días y reveló un paisaje que ningún satélite había logrado captar: terrazas, fracturas y depresiones con forma de lágrima bajo la plataforma de hielo Dotson, en la Antártida Occidental.
Dos años después de ese hallazgo, el mismo equipo volvió al lugar y el submarino desapareció sin dejar ningún rastro.
Descubrimientos submarinos bajo el hielo antártico
En la campaña de 2022, Ran navegó hasta 17 kilómetros por debajo de la plataforma de hielo. Con sonar multihaz a bordo, el vehículo cubrió aproximadamente 140 kilómetros cuadrados de superficie oculta bajo el hielo.
El recorrido produjo seis mapas de alta resolución que registraron casi 140 kilómetros cuadrados en total. También documentó la temperatura, la salinidad y la velocidad de las corrientes marinas en la zona.
Un fondo más irregular de lo esperado
La oceanógrafa Anna Wåhlin, de la Universidad de Gotemburgo, dirigió el estudio publicado en Science Advances. La base del hielo resultó más accidentada de lo que los científicos suponían.
Aparecieron terrazas planas de entre 200 y 2.000 metros de ancho, junto con depresiones en forma de lágrima de hasta 170 metros. También quedaron registrados canales y áreas lisas producidas por erosión y derretimiento. Se documentaron fracturas verticales que atraviesan toda la plataforma, con erosión visible en sus bases.
Corrientes rápidas y agua caliente esculpen el hielo
En el centro y el este, las corrientes eran lentas, de entre 0,01 y 0,04 metro por segundo. Hacia el oeste, en cambio, un flujo de agua de deshielo alcanzó 0,25 metro por segundo, justo donde el derretimiento llegaba a 15 metros al año.
La turbulencia generada por el cizallamiento, sumada al Agua Profunda Circumpolar modificada y relativamente cálida, ayuda a explicar ese derretimiento más intenso. Las depresiones en forma de lágrima solo aparecieron donde el agua corría más rápido, lo que sugiere que la corriente esculpe directamente la base del hielo.
Un segundo robot se sumó a la búsqueda
Un estudio publicado en 2025 en Ocean Science amplió el retrato con otro vehículo, el AutoSub Long Range. El equipo de Maren Elisabeth Richter, de la Universidad de East Anglia, recogió más de 100 kilómetros de mediciones cerca del fondo marino.
Los flujos de calor vertical promediaron 0,1 vatio por metro cuadrado, aunque llegaron a 52 vatios por metro cuadrado en ciertos puntos. La mezcla turbulenta se intensificaba justo donde las corrientes ganaban velocidad junto a las laderas del hielo.
La desaparición que dejó un vacío en los datos
Los investigadores volvieron a la zona en enero de 2024 para repetir las mediciones y comparar cómo había cambiado el paisaje submarino. Ran completó un primer descenso, pero no volvió al punto de encuentro tras su última inmersión planeada en febrero de 2024. Ni el sonar, ni los helicópteros, ni los drones lograron ubicarlo bajo el hielo.
Lo que queda pendiente para la ciencia
Los mapas de 2022 siguen siendo el registro más detallado que Ran produjo de aquel paisaje oculto bajo Dotson. La comparación que permitiría medir cómo cambiaron las terrazas y las zonas de derretimiento quedó sin completarse.
Se cree que Ran permanece atrapado en algún punto bajo la plataforma de hielo. Según un análisis de balance de masa liderado por Eric Rignot, de la Universidad de California en Irvine, Dotson aportó cerca de 0,6 milímetro al aumento medio global del nivel del mar entre 1979 y 2017. Ese dato explica por qué seguir vigilando este glaciar importa para entender el futuro del hielo antártico.













