El primer ministro Edi Rama impulsa la creación de un territorio soberano dentro de Tirana, capital de Albania, destinado exclusivamente a la orden religiosa Bektashi. La franja tendría apenas 27 hectáreas, una extensión comparable a la de un barrio pequeño.
Si el plan avanza, ese pedazo de tierra se convertiría en la nación más pequeña del planeta, incluso por debajo del Vaticano en superficie. La propuesta reabre un debate poco común en Europa: cuánto territorio necesita realmente una fe para sostenerse como entidad independiente.
Quién es la orden Bektashi
La orden Bektashi practica una versión liberal del islam, abierta a interpretaciones místicas y al diálogo con otras religiones y corrientes filosóficas. A diferencia de interpretaciones más rígidas, sus seguidores promueven una lectura flexible de los textos sagrados.
La orden mantiene su sede principal en Tirana, lo que convierte a la capital albanesa en un punto de referencia espiritual para sus fieles repartidos por distintos países balcánicos.
Un giro en la historia albanesa
Durante décadas, Albania —que fue el único Estado ateo del mundo— prohibió toda práctica religiosa, una etapa que marcó profundamente la relación del país con la fe. Reconocer ahora un territorio soberano para una comunidad espiritual representa un cambio radical respecto a ese pasado.
La iniciativa también proyecta a Albania en el escenario internacional con una imagen distinta. El debate abarca religión, soberanía e influencia simbólica: cuánto territorio necesita realmente una fe para sostenerse como entidad independiente.
Qué falta para que ocurra
La iniciativa del primer ministro aún debe superar varias etapas institucionales. La creación formal de un enclave soberano exige acuerdos de reconocimiento diplomático que van más allá de la voluntad política inicial. Hasta ahora, no hay un cronograma público para la posible creación del nuevo estado.













