Hacer la cama justo al despertar es un hábito cotidiano para muchas personas, pero algunos estudios sugieren que podría no ser tan beneficioso como se cree para la salud del hogar.
El principal argumento detrás de esta afirmación está relacionado con la humedad acumulada durante la noche.
Mientras dormimos, el cuerpo libera sudor y vapor de agua, lo que puede permanecer en la ropa de cama y el colchón si estos se cubren de inmediato.
El papel de los ácaros del polvo
Los ácaros del polvo son uno de los factores más citados. Estos microorganismos se desarrollan con facilidad en ambientes cálidos y húmedos, como los colchones y almohadas.
Al hacer la cama inmediatamente después de levantarse, se puede favorecer la retención de humedad, lo que crea condiciones más propicias para su proliferación.
Además, los residuos de estos ácaros pueden permanecer en la ropa de cama y dispersarse en el aire al ser manipulada.
Posibles efectos en la salud
La exposición prolongada a estos alérgenos puede estar asociada con síntomas como congestión nasal, irritación ocular, estornudos o tos seca. En personas con asma o alergias, estos efectos pueden ser más intensos.
Por este motivo, algunos especialistas recomiendan permitir que la cama se ventile durante algunos minutos antes de tenderla por completo.
Cómo reducir el problema
Una medida es ventilar la habitación cada mañana. Abrir las ventanas y dejar la cama sin hacer durante 20 a 30 minutos puede ayudar a reducir la humedad acumulada.
Este gesto favorece la circulación del aire y contribuye a mantener un ambiente más seco en el dormitorio, lo que dificulta la proliferación de ácaros.
En conclusión, aunque hacer la cama al despertar es una costumbre común, retrasar este hábito unos minutos y permitir la ventilación del colchón puede ser una práctica útil para mejorar la higiene del dormitorio y la calidad del aire.





