Cuando alguien sospecha que le están mintiendo, suele reaccionar con preguntas directas, interrupciones constantes y el afán de desmontar la versión ajena de inmediato. Para el psiquiatra Javier Quintero, actuar así consigue justamente lo opuesto a lo que se busca.
Presionar al otro con preguntas y objeciones lo pone a la defensiva y termina alejando cualquier posibilidad de conocer la verdad. La alternativa que propone Quintero es guardar silencio unos segundos antes de hablar.
Coherencia y paciencia según Javier Quintero
El psiquiatra aconseja evitar que la conversación se convierta en un pulso de argumentos y, en su lugar, dejar que el interlocutor complete su versión sin cortarlo. Esa pausa le da espacio para desarrollar la historia de forma natural, sin sentirse acorralada.
Después, sugiere dar un segundo paso: pedirle a la persona que cuente otra vez lo ocurrido, con una frase como «hay algo que no me termina de encajar, ¿me lo podrías explicar de nuevo?». Esa segunda narración sirve para contrastarla con la primera y comprobar si el relato se sostiene igual o si aparecen cambios que delaten alguna inconsistencia.
Las emociones no son prueba de nada
Uno de los errores más frecuentes, según Quintero, es interpretar el nerviosismo o el enfado como señal automática de engaño. Cualquier persona puede alterarse ante una acusación, sin que eso signifique que está mintiendo.
Las emociones no detectan la mentira, pero la coherencia del relato sí puede hacerlo, sostiene el especialista. Lo relevante es si los detalles encajan entre sí y si la secuencia de hechos se mantiene estable cada vez que se repite.
Otras miradas sobre cómo detectar el engaño
José Astorga, especialista en comportamiento y comunicación no verbal, afirma que existe una fórmula utilizada por la CIA que consiste en cerrar la conversación con una pregunta amplia: «¿Qué es que no me contó y cree que debería contarme?». Este tipo de pregunta sin restricciones exige que quien miente improvise una respuesta coherente sobre el conjunto de lo ocurrido.
Un detective de la policía recurre a un método parecido al que usaba el inspector Columbo en la ficción: en vez de atacar el núcleo del relato, indaga en los detalles secundarios que rodean la historia principal.
Según este enfoque, las personas pueden no recordar todo lo que dijeron cuando el relato es una invención, y esas inconsistencias tienden a surgir en los detalles menores. La investigación científica también ha buscado señales físicas del engaño, aunque estos indicadores requieren una interpretación cuidadosa.
Por qué el lenguaje corporal falla tanto
Pese a la creencia extendida de que basta con observar gestos o miradas para identificar a un mentiroso, quienes estudian el lenguaje corporal solo aciertan en el 65% de los intentos.
Ese margen de error explica por qué Quintero insiste en abandonar la confrontación directa como método. La observación tranquila, sin presión ni juicios anticipados, genera un ambiente donde es más probable que la información verídica salga a la luz por sí sola.
Al dejar que el relato fluya sin interrupciones y pedir después que se repita, la conversación deja de ser un choque de posiciones enfrentadas. Se convierte, según explica el psiquiatra, en un proceso de aclaración mutua donde las contradicciones reales terminan por notarse solas.













