Un estudio reciente de la Universidad Bar-Ilan descubrió que dirigir la atención hacia una zona inflamada reduce la intensidad de la reacción, no solo la forma en que se percibe. Cuando algo duele, pica o quema, las personas tienden a distraerse para ignorar la molestia.
El hallazgo muestra que la mente puede influir directamente en la respuesta del cuerpo a la irritación de la piel. Trasladar la atención a otro lugar hace que las sensaciones desagradables parezcan menos intensas. Sin embargo, que el malestar desaparezca no significa necesariamente que el organismo esté reaccionando con menor fuerza.
El experimento: pruebas con histamina
Los investigadores trabajaron con 57 adultos sanos y utilizaron histamina, una sustancia química implicada en las reacciones alérgicas, para provocar una inflamación controlada en la piel. Colocaron el reactivo en el antebrazo izquierdo mediante una pequeña punción que generó un bulto hinchado, denominado habón, rodeado de un área enrojecida llamada eritema.
En la primera fase del ensayo, 37 participantes eligieron entre dos opciones: concentrarse en las sensaciones del brazo afectado o ver clips de video neutros durante 20 minutos. Cada persona probó ambas condiciones para que los investigadores pudieran comparar cómo reaccionaba su propia piel en cada situación.
Resultados sobre el tamaño de la reacción
Cuando los participantes enfocaban su atención en la zona inflamada, el habón medía en promedio 0,14 pulgadas (3,5 milímetros) al finalizar los 20 minutos. En contraste, durante la distracción alcanzaba 0,20 pulgadas (5,0 milímetros). El área enrojecida mostró una diferencia similar: 0,42 pulgadas (10,6 milímetros) con atención y 0,55 pulgadas (14,0 milímetros) durante la distracción.
Cerca del 90% de los participantes presentó una respuesta inflamatoria mayor cuando su mente estaba distraída. Las diferencias aparecieron apenas tres minutos después de la exposición a la histamina y continuaron aumentando a lo largo del experimento.
La recuperación marcó la diferencia más clara
Los investigadores también observaron la evolución de la reacción y descubrieron que la recuperación seguía patrones distintos según dónde estuviera enfocada la atención. Alrededor del 89% de los participantes mostró un habón que dejó de crecer o comenzó a encogerse mientras mantenía la concentración en la zona afectada.
Por el contrario, durante la distracción, solo aproximadamente el 46% de los participantes presentó este mismo patrón de estabilización o reducción. El área enrojecida también se mantuvo menor cuando la mente estaba dirigida al brazo inflamado, aunque sus cambios a lo largo del tiempo no fueron tan evidentes como los del habón.
Implicaciones para entender la inflamación
Estos hallazgos sugieren que el cerebro utiliza información sobre las sensaciones corporales como parte de los mecanismos que regulan las respuestas inflamatorias. Esto desafía la idea convencional de que la inflamación es un proceso completamente automático, sin intervención de la actividad mental consciente.
El trabajo, publicado en Nature Human Behaviour, abre nuevas preguntas sobre cómo el control de la atención podría complementar los tratamientos farmacológicos tradicionales. Aunque los resultados provienen de un contexto controlado de laboratorio con una inflamación leve y temporal, revelan una conexión inesperada entre la mente y la respuesta inmunológica de la piel.













