Un estudio de la University of Amsterdam reconstruyó 10.000 años de historia de los incendios en la cuenca amazónica y reveló que casi ningún rastro de combustión se produjo sin intervención humana directa. Durante siglos, la Amazonía cargó con la reputación de ser la última gran naturaleza intacta del planeta, un bosque ancestral casi virgen.
El trabajo se basa en 1.361 fechas de radiocarbono obtenidas en 303 sitios de la región. La conclusión es clara: el fuego en esta selva prácticamente nunca se originó de forma natural y casi todas las evidencias de combustión se remontan a la intervención humana.
Una selva que no ardía por sí sola
Antes de la llegada de los humanos, la Amazonía prácticamente no se quemaba. Núcleos de sedimento extraídos en el Hill of Six Lakes, en Brasil, y en la Serra Sul dos Carajás revelan una ausencia casi total de carbón vegetal durante todo el período glacial.
Un registro resulta especialmente revelador: el núcleo de Campo Libre, ubicado en las laderas andinas de Ecuador, no presenta indicios de combustión durante 30.000 años consecutivos. Esa racha solo se interrumpe cuando los primeros grupos humanos llegaron al paisaje, hace aproximadamente 4.500 años.
Las plantas amazónicas evolucionaron con una exposición casi nula a las llamas y a diferencia de las de otros ecosistemas, no desarrollaron defensas como la corteza gruesa o mecanismos de liberación de semillas activados por el calor. Similares a los del chaparral californiano o de los bosques de eucaliptos australianos.
Cuando la gente comenzó a encender fogatas de forma habitual, el sistema no cambió de forma marginal: se transformó por completo.
Tres oleadas de fuego provocado por humanos
Al analizar el registro de radiocarbono, los investigadores identificaron tres oleadas de incendios provocados entre hace 10.000 y 2.000 años. En la primera etapa. Entre hace 10.000 y 6.000 años, las llamas se mantuvieron cerca de los bordes de la cuenca y del curso principal del río Amazonas, mientras el interior permanecía intacto.
Entre hace 6.000 y 4.000 años el panorama cambió con rapidez: los incendios y los asentamientos humanos se extendieron por gran parte del territorio, coincidiendo con el inicio del cultivo de maíz en el noroeste y suroeste. Despejar tierra para sembrar exige quemarla primero, y ambos registros avanzan casi al mismo ritmo.
La tercera oleada ocurrió entre hace 3.000 y 2.000 años, cuando el fuego penetró finalmente en el interior profundo. La Amazonía central había logrado mantenerse como un refugio libre de llamas durante milenios. Pero esa resistencia también cedió cuando la expansión de la presencia humana llevó el fuego hasta el corazón de la selva.
Diferencias entre quemas antiguas y actuales
Las quemas antiguas dejaban árboles en pie, lo que permitía que el bosque se regenerara de forma gradual. En contraste, los incendios actuales destruyen por completo la floresta, eliminan la posibilidad de recuperación natural a corto plazo y alteran permanentemente la estructura del ecosistema.
Recuperación y redefinición de lo natural
Esta larga historia de combustión no se mantuvo de forma continua. El fenómeno retrocedió en dos episodios separados durante los últimos 700 años; el primer declive se registró hace entre 600 y 700 años. Este hallazgo obliga a repensar qué significa «natural» para un territorio tan antiguo como la cuenca del Amazonas.
Lo que durante generaciones se interpretó como un paisaje virgen fue, en realidad, el resultado de milenios de manejo humano del fuego. El estudio de la University of Amsterdam redefine la comprensión de la Amazonía: no es un territorio intocado, sino un ecosistema profundamente moldeado por la actividad humana a lo largo de milenios.













