La duración del día en la Tierra cambia muy lentamente. Aunque estas variaciones son imperceptibles en la vida cotidiana, los científicos las estudian porque están relacionadas, entre otros factores, con la interacción gravitacional entre nuestro planeta y la Luna.
Una de las principales causas de esta desaceleración es la fuerza de marea ejercida por la Luna. Este fenómeno no solo provoca las mareas oceánicas, sino que también influye en la rotación terrestre.
Cómo la Luna modifica la duración del día
La interacción gravitacional entre la Tierra y la Luna genera mareas que producen fricción. Como consecuencia, parte de la energía asociada a la rotación terrestre se transfiere al sistema orbital de la Luna.
Este proceso hace que la Tierra gire ligeramente más despacio y, por tanto, que los días se alarguen de forma gradual. La Luna, a su vez, se aleja de nuestro planeta a una velocidad media de aproximadamente 3,8 centímetros por año.
Según las estimaciones actuales, el aumento de la duración del día asociado a las mareas lunares es del orden de milisegundos por siglo. Aunque se trata de una variación muy pequeña, puede acumularse durante períodos extremadamente largos.
Otros factores que afectan la rotación terrestre
La influencia de la Luna no es el único elemento que modifica la duración del día. La rotación de la Tierra también está condicionada por procesos que redistribuyen la masa del planeta.
El deshielo y el desplazamiento de grandes cantidades de agua, por ejemplo, pueden alterar ligeramente la velocidad de rotación. Los terremotos, los movimientos de la atmósfera y los océanos también pueden provocar variaciones, aunque de magnitudes diferentes.
¿Cuándo podría durar 25 horas un día?
La posibilidad de que un día terrestre llegue a durar 25 horas pertenece a una escala de tiempo de cientos de millones de años. Algunas estimaciones han situado ese cambio alrededor de los 200 millones de años.
La tasa de desaceleración de la rotación terrestre no es constante y depende de múltiples factores. Por ello, no es correcto asumir que el ritmo actual continuará exactamente igual durante cientos de millones de años.
Lo que sí está claro es que la interacción entre la Tierra y la Luna modifica lentamente la duración de nuestros días. Estas variaciones, aunque prácticamente imperceptibles para las personas, permiten a los científicos estudiar cómo evolucionan la rotación terrestre y el sistema Tierra-Luna a lo largo del tiempo.













