Aunque el alcohol se asocia con una menor probabilidad de sufrir un infarto, su consumo eleva al mismo tiempo las posibilidades de padecer otras dolencias del corazón. Pensar que beber con moderación cuida la salud cardíaca supone, por tanto, quedarse con una parte del problema y perder de vista la otra, de mayor peso. El cardiólogo José Abellán explicó que los daños que causa al organismo superan ampliamente cualquier posible beneficio.
La idea de que tomar una copa al día no hace daño, incluso sienta bien, se repite con frecuencia en charlas sobre alimentación y hábitos saludables. Según el especialista, cuando se analiza el conjunto de efectos sobre el corazón y no solo uno de ellos, el balance termina siendo desfavorable.
Más allá del infarto: otros riesgos cardiovasculares
El alcohol actúa como un tóxico directo sobre el músculo cardíaco y puede causar problemas que van más allá de la prevención del infarto. Incluso en niveles moderados, incrementa la probabilidad de insuficiencia cardíaca y arritmias, dos condiciones que pueden tener graves repercusiones para la salud.
El alcohol también puede dilatar el corazón, una complicación que reduce la capacidad del órgano para bombear sangre de forma eficiente. Estos efectos adversos afectan directamente a la función cardiovascular y comprometen la calidad de vida de quienes los padecen.
Por ello, reducir la evaluación del alcohol únicamente al riesgo de infarto omite los daños más amplios que causa a todo el sistema.
Una excepción que requiere seguimiento médico individualizado
Abellán señaló una excepción concreta: cuando un paciente tiene un riesgo muy alto de sufrir un infarto y, al mismo tiempo, pocas posibilidades de desarrollar otras enfermedades, el cardiólogo puede optar por no eliminar del todo una cantidad pequeña de alcohol. Esta decisión, aclaró, depende de cada caso y no constituye una pauta pensada para el conjunto de la población.
Abellán no recomienda usar el posible efecto protector frente al infarto como argumento para promover el consumo de alcohol. Al considerar todos los efectos. Incluso solo los relacionados con la salud del corazón, el daño es mucho mayor que el beneficio que pueda derivarse de reducir el riesgo de un único tipo de enfermedad, según Abellán.













