Despertar y narrar con precisión cada escena de un sueño no es común. De acuerdo con Psychology Today, ese fenómeno está vinculado a un modo distinto de procesar lo que ocurre en el cerebro durante la noche, junto con niveles más altos de actividad neuronal y de sensibilidad emocional.
El recuerdo de los sueños varía de una persona a otra y también cambia con el tiempo en un mismo individuo. La herencia genética, ciertos rasgos de carácter y hasta el modo en que una persona despierta pueden determinar qué tanto de esas imágenes queda registrado en la memoria.
Quienes logran conservar esas imágenes nocturnas comparten, según la psicología, un perfil marcado por la introspección, la sensibilidad y una mayor tendencia a la divagación mental. Ese rasgo marca la diferencia frente a quienes, apenas abren los ojos, sienten que todo lo soñado se esfuma de inmediato.
Cerebro en descanso y sensibilidad emocional durante los sueños
Los sueños ocurren principalmente durante la fase REM, un período en el que la actividad cerebral aumenta de forma marcada y se generan los sueños más vívidos.
La retención de ese contenido depende del momento exacto del despertar. Abrir los ojos despacio y quedarse unos minutos quieto en la cama favorece que la información permanezca en la memoria. Un despertar brusco, en cambio, desvía la atención de inmediato y el sueño se esfuma sin dejar rastro.
Qué influye en la capacidad de recordar
El psicólogo Gary Wenk planteó que el recuerdo de lo soñado se distorsiona por la experiencia de dormir y por cuánto se descansa después. Hay quienes despiertan convencidos de haber soñado, aunque no logran reconstruir ningún fragmento de esa experiencia.
Wenk señaló tres factores que influyen en la probabilidad de recordar algo al abrir los ojos: la actitud personal hacia los sueños. La tendencia a divagar mentalmente y las particularidades de cada patrón de sueño, e también influye la vulnerabilidad a las interferencias.
Las noches largas, con menos tiempo de sueño profundo y más minutos en fase MOR, suelen favorecer un mayor recuerdo de los sueños por la mañana.
El perfil de quienes no olvidan sus sueños
Quienes disfrutan analizar sus propios pensamientos y emociones tienden a guardar más contenido onírico en la memoria de largo plazo. La psicología identifica características concretas en quienes retienen esas imágenes nocturnas:
- Introspección y sensibilidad: personas con una mente más creativa, analítica y propensa a divagar.
- Interés onírico: darle importancia a lo soñado lleva, de manera casi automática, a concentrarse más en esos contenidos.
- Sueño ligero o fragmentado: cuando el descanso se corta cerca del cierre de la fase REM, aumentan las chances de fijar esas imágenes en la memoria.
- Ansiedad o estrés: en períodos de alta tensión emocional, es más común despertar bruscamente, facilitando el recuerdo vívido.
La sensibilidad emocional también influye, porque el cerebro retiene con más facilidad la información cargada de emociones, algo habitual en los sueños.
Un fenómeno que cambia con el contexto
Durante la pandemia de COVID-19, más personas dijeron recordar sus sueños al despertar. El estrés, los cambios en las rutinas de descanso y la mayor cantidad de tiempo en la cama pudieron haber influido en ese aumento.
Lo que distingue a unos de otros en relación a los sueños, es la forma en que el cerebro procesa esa información al abrir los ojos. Despertarse sin apuro y prestar atención a ese momento puede ser el primer paso para no perder el contenido que la mente construye mientras el cuerpo descansa.













