Herm es hoy un destino de referencia en ecoturismo y atrae a visitantes de todo el Reino Unido y Europa con sus playas de arena blanca y la prohibición total de vehículos.
Pero hace menos de un siglo, esta pequeña isla del archipiélago de las Islas del Canal yacía en escombros tras la Segunda Guerra Mundial, ocupada por los alemanes durante el conflicto.
En 1949, cuatro años después del fin de la guerra, Peter y Jenny Wood decidieron arrendar la isla con la condición de restaurar toda la infraestructura destruida. Se mudaron con sus dos hijos pequeños a un lugar sin agua corriente ni comunicaciones confiables para reconstruirlo tras la devastación.
El trabajo de restauración paso a paso
El proyecto fue titánico. Mientras los niños jugaban en las playas, la familia se dedicó a reparar desde cero la viabilidad de la isla. Según registros documentales de los años setenta, los trabajos incluyeron la restauración de Manor House, una casa señorial histórica, y la capilla de San Tugual, ambas semidestruidas por la ocupación alemana.
También instalaron una red telefónica para conectar a los habitantes con el mundo exterior y establecieron una granja para garantizar el sustento de los residentes.
El objetivo iba más allá de administrar la isla: Peter y Jenny Wood querían fundar una comunidad autosustentable en la que vivieran entre 10 y 12 familias dedicadas a actividades locales, como la venta de regalos y el comercio de bienes esenciales.
El modelo que atrajo visitantes
Lo que surgió fue revolucionario: playas limpias, prohibición absoluta de vehículos y respeto máximo por el entorno natural. Primero llegaron excursionistas de la vecina isla de Guernsey; después, turistas británicos y europeos descubrieron el paraíso que la familia había recuperado de las ruinas.
La ausencia de automóviles se convirtió en una seña de identidad del lugar. Peter Wood continuó dirigiendo la isla hasta su muerte en 1998, y su familia mantuvo la administración hasta septiembre de 2008. En esa fecha, Starboard Settlement asumió la gestión del arrendamiento y mantuvo la filosofía que había convertido a Herm en un destino de ecoturismo.
El legado de una familia de aventureros
Los visitantes llegan exclusivamente en ferris y recorren un territorio sin vehículos. También visitan edificios restaurados que cuentan la historia de una pareja que transformó las ruinas en una comunidad próspera y dejó un legado que va más allá de los inmuebles: demostró que es posible recuperar un lugar devastado.













