Llegar a los 100 años podría depender, en parte, de algo tan simple como conservar los dientes naturales. Un análisis del Estudio Longitudinal Chino sobre Salud y Longevidad (CLHLS) encontró que los adultos mayores con al menos una pieza dental propia tienen más probabilidades de convertirse en centenarios que quienes ya perdieron toda su dentadura.
La investigación, publicada en la revista JMIR Aging, siguió a personas de 80 años o más durante dos décadas. El hallazgo se suma a una idea que gana fuerza entre quienes estudian el envejecimiento: la boca funciona como una especie de termómetro de la salud general en la vejez.
Lo que encontró el seguimiento a largo plazo
El equipo revisó información de 4.239 personas mayores, seguidas entre 1998 y 2018, de las cuales 607 llegaron a cumplir 100 años. Dentro de ese grupo de centenarios, el 43,5% no tenía ninguna pieza dental propia, una cifra alta pero menor a la observada entre quienes no alcanzaron esa edad.
Tras ajustar el análisis por edad. Sexo, tabaquismo, consumo de alcohol, enfermedades previas y uso de prótesis, los adultos mayores con dientes naturales tuvieron hasta un 38% más de probabilidades de llegar a los 100 años.
Cuando la cantidad de piezas se midió como un valor continuo, cada diente adicional sumó, de forma leve pero constante, más chances de vivir más tiempo.
Por qué masticar bien influye en envejecer mejor
Los propios autores reconocen que todavía no hay una explicación única para este vínculo, aunque señalan varias vías posibles que trabajan juntas. Perder piezas dentales dificulta la masticación y, con eso, reduce el consumo diario de frutas, verduras y fibra.
Esa carencia nutricional favorece procesos inflamatorios persistentes, que elevan el riesgo cardiovascular, de diabetes y de fragilidad física en la vejez. Otros estudios internacionales ya habían mostrado que los adultos mayores con menos de 20 dientes tienen mortalidad más alta y mayor riesgo de incapacidad.
Las prótesis no igualan al diente natural
Las prótesis dentales ayudan a recuperar parte de la función masticatoria perdida, pero no ofrecen los mismos efectos protectores que los dientes naturales sobre la longevidad. Esa diferencia refuerza la idea de que conservar la dentadura natural aporta algo que ningún reemplazo artificial logra reproducir por completo.
Los trastornos bucales están entre las condiciones más comunes del mundo y afectan con más fuerza a la población de países en desarrollo.
La pérdida dentaria está vinculada a desigualdades de ingresos, acceso a tratamiento, hábitos alimentarios y condiciones generales de salud. En sociedades envejecidas, invertir en cuidado odontológico a lo largo de la vida puede traducirse en más años de vida con calidad.
Las dudas que deja el estudio
Los investigadores admiten que buena parte de la información médica y de hábitos fue reportada por los propios participantes, lo que abre espacio para datos incompletos. Tampoco se midieron otros factores que podrían influir, como el estado nutricional general o el nivel de adherencia a controles preventivos a lo largo de los años.
Existe además la posibilidad de una causalidad inversa: quizás quienes ya gozan de mejor salud son justamente los que logran conservar sus dientes por más tiempo, y no al revés. Pese a estas limitaciones, la repetición del mismo patrón en distintos análisis del grupo respalda la conexión entre una boca sana y una vida más larga.













