En 2050, los hogares más pobres de ciertas regiones podrían destinar aproximadamente la mitad de sus ingresos a la alimentación. Mientras que las familias de mayor poder adquisitivo en esas mismas áreas gastarían alrededor del 5%.
Esta brecha en el acceso a alimentos, energía y agua se ampliará en las próximas décadas, según una investigación reciente. El impacto va más allá de las cifras. Cuando una necesidad consume la mitad del presupuesto familiar, deja recursos limitados para cubrir otras necesidades básicas y afecta la estabilidad de la vida cotidiana.
Cómo se elaboró la proyección
Investigadores del MIT, entre ellos Jennifer Morris, colaboraron con colegas de Tulane University, el Laboratorio Nacional del Noroeste del Pacífico, Stanford University y Tufts University para construir estas proyecciones.
El equipo utilizó la versión 7.1 del Modelo Global de Análisis del Cambio (GCAM), que simula las interacciones entre energía, economías, agua, tierra y clima en 32 regiones del mundo, 235 cuencas de agua y 384 regiones de uso de tierra.
A diferencia de estudios anteriores basados en narrativas globales amplias, este análisis examina cómo varía el acceso a los recursos entre grupos de ingresos dentro de una misma región. Hace dos años, este mismo grupo de investigadores sostuvo que el campo necesitaba escenarios más específicos, con una perspectiva socioeconómica enfocada en el bienestar humano.
Los investigadores incorporaron doce variables centrales —población. Producto interno bruto, distribución de ingresos, intensidad de carbono, uso de tierra, comercio agrícola y múltiples escenarios de energía y uso de agua— para modelar 3.735 escenarios separados.
Esta estrategia permite mapear el espectro de lo que 2050 podría parecer, reconociendo que no existe un único factor determinante de la inseguridad futura en alimentos, energía y agua.
Vulnerabilidad según la región y el ingreso
Los resultados muestran patrones regionales claros: las mayores preocupaciones sobre seguridad alimentaria se concentran en partes de África subsahariana hacia 2050. Mientras que los riesgos de seguridad energética se concentran entre las personas de bajos ingresos de Asia, Europa Oriental y Oriente Medio.
Los hallazgos no apuntan a un único factor determinante de la inseguridad futura en alimentos, energía y agua. Las condiciones regionales específicas, los sistemas energéticos, la disponibilidad de agua y el comportamiento del consumidor interactúan con factores económicos para crear vulnerabilidades distintas en cada zona.
Por eso, quienes elaboran políticas públicas deben considerar las combinaciones específicas de factores que generan vulnerabilidades distintas en cada región.
Implicaciones para la toma de decisiones
El estudio reconoce que el bienestar humano depende de cómo estos factores se entrelazan. El ingreso importa, pero no es el único factor. La geografía, la tecnología y las decisiones sobre el uso de la tierra también son relevantes para entender qué grupos enfrentarán mayor presión para acceder a recursos esenciales.













