La ropa de cama está en contacto directo con la piel durante varias horas cada noche, por lo que es normal que acumule sudor, células muertas, cabello y otros residuos.
Aunque muchas personas la cambian cada dos semanas, los especialistas recomiendan hacerlo al menos una vez por semana para mantener una mejor higiene.
Renovar las sábanas cada siete días ayuda a reducir la acumulación de residuos corporales y de alérgenos, como los ácaros del polvo, que pueden afectar especialmente a las personas con alergias o problemas respiratorios.
Además, dejar la cama sin tender durante unos minutos cada mañana favorece la evaporación de la humedad acumulada durante la noche y contribuye a mantener los textiles en mejores condiciones.
¿Por qué no esperar 15 días?
Cambiar las sábanas cada dos semanas puede ser suficiente en algunos casos, pero prolongar ese intervalo favorece la acumulación de suciedad, microorganismos y ácaros, lo que puede aumentar el riesgo de irritaciones en la piel o agravar alergias en personas sensibles.
Para facilitar la rutina, los expertos aconsejan establecer un día fijo de la semana para lavar la ropa de cama y evitar posponer esta tarea.
Cuándo conviene lavarlas con más frecuencia
La periodicidad del lavado también depende de los hábitos y las condiciones de cada persona.
Quienes sudan en exceso, duermen con mascotas, comen en la cama o padecen alergias pueden beneficiarse de cambios más frecuentes. Lo mismo ocurre durante episodios de enfermedad o cuando existen secreciones que ensucian las sábanas.
Cómo lavar correctamente la ropa de cama
Para obtener un buen resultado, se recomienda utilizar un detergente adecuado y seguir las instrucciones de lavado indicadas por el fabricante.
También es importante asegurarse de que las sábanas queden completamente secas antes de volver a colocarlas en la cama, ya que la humedad favorece la proliferación de hongos y otros microorganismos.
Mantener la ropa de cama limpia no solo mejora la sensación de confort, sino que también contribuye a una mejor higiene del descanso.
Incorporar una rutina de lavado semanal es una medida sencilla que ayuda a conservar los textiles en buen estado y a reducir la presencia de alérgenos en el dormitorio.













