Un ejemplar de aguja colipinta (Limosa lapponica) cruzó el Océano Pacífico sin posarse ni una sola vez durante 11 días. Recorrió 13.560 kilómetros entre Alaska y Tasmania, en uno de los desplazamientos ininterrumpidos más largos conocidos entre las aves migratorias.
El ave tenía apenas 5 meses de edad cuando emprendió el cruce, sin experiencia previa en migraciones largas. Un chip GPS y un pequeño panel solar colocados durante su etapa de cría en Alaska permitieron a un equipo internacional de investigadores rastrear cada tramo de su trayecto sobre el agua.
Un rastreo satelital reveló la ruta exacta
Según datos del Instituto Max Planck de Ornitología de Alemania, el pájaro despegó del delta del Yukón-Kuskokwim, al suroeste de Alaska, el 13 de octubre de 2022 y llegó a la bahía de Ansons, en el extremo noreste de Tasmania, el 24 de octubre.
En lugar de trazar una línea directa, primero se dirigió hacia Japón y luego giró hacia el sureste, sobrevolando las islas Aleutianas de Alaska, de acuerdo con un mapa difundido por el Centro de Aves Costeras Pukorokoro Miranda de Nueva Zelanda.
Eric Woehler, coordinador de BirdLife Tasmania, indicó que el sexo del animal no pudo determinarse debido a su corta edad al momento de la captura. Ese mismo dispositivo satelital fue el que permitió reconstruir, día por día, cómo avanzó sobre el Océano abierto sin ningún punto de tierra firme donde descansar.
El cuerpo del ave se adapta para volar sin parar
Antes de partir, estas aves acumulan grandes reservas de grasa que actúan como combustible durante todo el cruce. El organismo, además, reduce temporalmente órganos vinculados a la digestión, como el estómago y el hígado, para bajar el peso corporal que debe sostenerse en vuelo.
Ese ahorro de masa corporal resulta clave frente a un trayecto que dura más de una semana sin posibilidad de alimentarse ni beber agua. Cuando el ave finalmente aterriza y retoma su alimentación normal, esos órganos recuperan su tamaño original en poco tiempo.
Un grupo de aves playeras hecho para migrar
Junto con otras especies playeras, la aguja colipinta protagoniza algunos de los desplazamientos estacionales más exigentes del planeta al moverse entre zonas de cría en el hemisferio norte y refugios de invierno en el hemisferio sur. Cada gramo que el cuerpo logra eliminar antes del despegue se traduce en menos energía consumida durante el vuelo.
El caso de este ejemplar, documentado desde su partida en 2022 hasta su llegada a Tasmania, quedó como referencia para entender los límites físicos que estas aves son capaces de alcanzar en una sola travesía.













