En Tulsa, Estados Unidos, un Plymouth Belvedere sin usar permaneció oculto bajo tierra durante cincuenta años, protegido por una estructura de hormigón. El entierro se realizó en 1957, cuando la ciudad festejaba que se cumplían cincuenta años desde que Oklahoma se había convertido en estado del país. La idea era que, al cabo de medio siglo, las generaciones futuras pudieran acceder a un vehículo sin deterioro que reflejara el diseño automotor de ese momento.
Pero cuando llegó el momento de desenterrarlo, el resultado no se parecía en nada a lo imaginado. En lugar de una carrocería reluciente, los presentes encontraron metal oxidado y piezas arruinadas que impedían poner el auto en marcha.
Un concurso con el auto como premio
El entierro del Plymouth no fue la única atracción organizada por la ciudad. Tulsa también lanzó un concurso en el que los habitantes debían calcular cuántos residentes tendría la ciudad al cumplirse medio siglo.
El premio para el ganador consistía en quedarse con el auto, además de una suma de 100 dólares depositada en una cuenta de ahorros. Raymond Humbertson resultó el ganador al calcular una cifra de 384.743 habitantes, la más cercana al número real, lo que le valió quedarse con el auto y el dinero en una cuenta de ahorros.
Medidas pensadas contra la amenaza nuclear
La bóveda medía 3,7 metros de ancho por 6,1 metros de largo y fue diseñada para resistir incluso un ataque nuclear, una amenaza que preocupaba en esos años. Antes de bajarlo, el auto recibió una protección especial para frenar el avance de la humedad.
Esa precaución, sin embargo, no alcanzó para mantener el vehículo a salvo durante tanto tiempo bajo tierra.
El día de la apertura, cincuenta años después
Miles de personas llegaron hasta Tulsa el 15 de junio de 2007 para ser testigos del momento en que, tras cincuenta años, finalmente se abría la cápsula del tiempo.
Al retirar la cubierta, los trabajadores comprobaron que la bóveda se había inundado con el paso de las décadas. Dentro del compartimento se habían acumulado cerca de 7570 litros de agua, con una profundidad cercana a 1,2 metros.
El óxido que arruinó la sorpresa
La filtración de agua corroyó buena parte de la estructura metálica y dejó daños visibles en toda la carrocería. Ni siquiera fue posible encender el motor, por lo que trasladar los restos del Plymouth exigió cuidados especiales. El hallazgo fue comparado con la apertura de una antigua tumba egipcia, como si se tratara de la tumba del rey Tutankamón.
De la decepción a la exhibición
Los daños causados por el agua hicieron imposible una restauración completa del vehículo. Aun así, se consideró que el hallazgo conservaba un valor histórico importante para la memoria de la ciudad.
La empresa Ultra One se encargó de limpiar y estabilizar los restos para frenar el deterioro y conservar tantas piezas originales como fuera posible. El Plymouth quedó exhibido en el Historic Auto Attractions Museum de Roscoe, Illinois, donde sigue atrayendo visitantes interesados en la historia.













