En medio del desierto de Karakum, en Turkmenistán, un enorme cráter permanece encendido desde hace más de cinco décadas.
Conocido como la “Puerta del Infierno”, el cráter de Darvazá surgió durante una operación de exploración de gas natural en la época soviética y se convirtió en uno de los fenómenos más llamativos de Asia Central.
El agujero tiene entre 60 y 70 metros de diámetro y unos 30 metros de profundidad. Su historia comenzó con un accidente y una decisión que debía ser temporal, pero terminó prolongándose durante décadas.
El origen de la “Puerta del Infierno”
La versión más difundida señala que, en 1971, geólogos soviéticos realizaban perforaciones en una zona rica en hidrocarburos cuando el terreno cedió sobre una cavidad subterránea. El hundimiento creó el cráter y provocó la liberación de grandes cantidades de gas natural.

Para evitar que el combustible se dispersara, los especialistas decidieron prenderle fuego, con la expectativa de que el gas se consumiera rápidamente. Sin embargo, las reservas subterráneas continuaron alimentando las llamas.
El fuego perdió fuerza en los últimos años
Después de décadas de actividad, la intensidad del cráter comenzó a disminuir. Turkmenistán puso en marcha medidas para reducir la cantidad de gas que llega a la zona, entre ellas la perforación de pozos cercanos para extraer parte del combustible antes de que alcance el cráter.
Según análisis de imágenes térmicas y satelitales, la intensidad del calor generado por las llamas cayó más de un 75% en los últimos tres años. Aun así, el fenómeno no desapareció. En 2026 todavía pueden observarse focos activos en el interior del cráter.
El problema ambiental detrás del atractivo turístico
Más allá de su valor como curiosidad y destino turístico, la “Puerta del Infierno” representa un problema ambiental y económico.
La combustión prolongada ha consumido gas natural y, cuando el metano escapa sin quemarse, contribuye al calentamiento global debido a su elevado potencial como gas de efecto invernadero.
Por esta razón, las autoridades de Turkmenistán buscan reducir su actividad e incluso extinguirla definitivamente. En 2022, el entonces presidente Gurbanguly Berdimuhamedow volvió a solicitar medidas para poner fin al incendio.
Más de medio siglo después de su origen, la “Puerta del Infierno” ya no tiene la misma intensidad de décadas atrás, pero continúa siendo un recordatorio de un accidente de exploración que terminó transformándose en un fenómeno permanente.













