La Stardust Solutions, una compañía fundada en 2023 por dos exfísicos nucleares del gobierno israelí, propone un plan controvertido para combatir el cambio climático: dispersar partículas microscópicas en la atmósfera para reflejar la luz solar y enfriar el planeta.
La propuesta requeriría una inversión de aproximadamente US$10 mil millones anuales, según estimaciones de la empresa.
La técnica se basa en la geoingeniería solar, una tecnología que busca reducir artificialmente las temperaturas globales al bloquear parte de la radiación solar. Las partículas, elaboradas a partir de aditivos alimentarios y del mineral que endurece las cáscaras de huevo, serían lanzadas desde aeronaves de gran altitud o globos hacia la estratosfera.
El precedente natural que inspira la técnica
La propuesta reproduce un fenómeno volcánico documentado. En 1991, la erupción del monte Pinatubo, en Filipinas, expulsó dióxido de azufre a la atmósfera y generó un enfriamiento de 0,5 grados centígrados durante más de un año.
Aunque la investigación en geoingeniería avanza desde hace décadas, las empresas privadas apenas comienzan a participar de forma activa. La Stardust es la empresa más visible del sector, sobre todo porque es la mejor financiada: ha recaudado US$ 75 millones de inversores de riesgo.
Preocupaciones científicas y éticas sobre la propuesta
La comunidad científica mantiene serias reservas sobre esta tecnología. Especialistas advierten que la geoingeniería solar podría tener consecuencias globales graves, incluida una alteración drástica de los patrones climáticos en regiones no contempladas.
Raymond Pierrehumbert, profesor de física planetaria en la Universidad de Oxford, expresó su preocupación por que una empresa con ánimo de lucro desarrolle una tecnología con repercusiones tan amplias e impredecibles. Dijo a CNN Internacional que, cuando está en juego el mundo entero, el lucro de los inversores de riesgo no debería influir en las decisiones sobre qué tecnología.
Desafíos técnicos sin resolver
Durante años, los investigadores se han concentrado en dispersar dióxido de azufre, imitando el mecanismo natural de las erupciones volcánicas. Sin embargo, este compuesto tiene efectos adversos importantes que la Stardust busca evitar mediante partículas alternativas a base de sílice.
Los ensayos al aire libre siguen siendo controvertidos. Los planes de investigadores de Harvard para realizar vuelos de prueba en el Ártico sueco fueron abandonados en 2021 tras una fuerte oposición local. Un experimento no autorizado de la startup Make Sunsets en México, en 2022, llevó al país a prohibir este tipo de pruebas.
La Stardust espera iniciar ensayos al aire libre en los próximos años, pero solo con supervisión y orientación directas de los gobiernos. La tecnología aún enfrenta importantes barreras normativas y científicas antes de cualquier aplicación a escala global.
El CEO de la empresa, Yanai Yedvab, reconoció que la geoingeniería no es una solución milagrosa ni un sustituto para abordar las causas fundamentales del cambio climático. Sino una herramienta potencial que se debe considerar mientras el termostato planetario se calienta peligrosamente.













