El ritmo de formación de estrellas en el cosmos se desacelera: cada vez nacen menos astros y nadie logra explicar del todo por qué. Un equipo internacional liderado por el investigador Hong Guo, de la Academia China de Ciencias, revisó los últimos 4.500 millones de años para rastrear el origen de este freno.
La lógica indicaba que el combustible cósmico simplemente se había agotado con el paso del tiempo. Pero los datos recogidos contradicen esa hipótesis y abren una incógnita sobre qué otro mecanismo frena el nacimiento de nuevos cuerpos celestes.
El grupo recurrió al radiotelescopio esférico de 500 metros de apertura, conocido como FAST, para medir con precisión el hidrógeno neutro (HI) disperso por el universo. Este elemento resulta clave para las galaxias y se identifica mediante emisiones de radio de 21 centímetros.
Una muestra que cubre buena parte del cielo
El trabajo sumó observaciones del proyecto del Instrumento Espectroscópico para la Energía Oscura (DESI), lo que permitió ampliar el alcance del análisis. La muestra final incluyó unos 2,5 millones de galaxias, repartidas en casi un tercio de la bóveda celeste.
Los números resultantes sorprendieron al propio equipo. Hace 4500 millones de años, el ritmo con que surgían nuevos astros en todo el cosmos era aproximadamente 2,5 veces mayor que el actual. La cantidad de hidrógeno atómico neutro, en cambio, apenas llegaba a 1,4 veces su nivel presente.
Un desajuste que no cuadra con lo esperado
Esa diferencia entre ambas variables es justamente lo que inquieta a los científicos. Si el gas disponible casi no varió, algo distinto debe estar frenando el nacimiento de nuevas estrellas, y ese factor todavía no tiene nombre.
Hong Guo explicó que el hallazgo no coincide con lo previsto antes de iniciar la investigación. Según indicó, el equipo documentó cómo el nacimiento de astros siguió cayendo de forma considerable durante ese tramo final de la historia cósmica, mientras la reserva de hidrógeno neutro apenas se movió.
El propio investigador aclaró que su trabajo no abarca el proceso completo de esa caída, sino solo su etapa más reciente. El punto más alto de actividad estelar ocurrió mucho antes, en una fase que los astrónomos llaman a veces «mediodía cósmico», y desde entonces la tendencia no ha dejado de bajar.
El papel del hidrógeno molecular en la ecuación
Para que surjan nuevos astros hace falta hidrógeno molecular (H2), que se concentra en nubes frías de gas repartidas por las galaxias. La suposición habitual era que, a medida que ese material se consumía, la actividad debía reducirse con fuerza en las épocas más recientes del universo.
Los datos del equipo liderado por Hong Guo muestran otra cosa: ese consumo esperado no se refleja del mismo modo en el registro de hidrógeno neutro.
El HI funciona como puente entre el gas cósmico a gran escala y el material molecular que finalmente da origen a los cuerpos celestes. Por eso, su estabilidad resulta difícil de conciliar con la caída observada en el ritmo de nacimientos estelares.
La investigación deja planteada una pregunta sin respuesta cerrada: qué otro fenómeno, distinto al simple agotamiento de material, modera el surgimiento de nuevos astros. Resolverla exigirá observaciones futuras capaces de rastrear con más detalle cómo se comporta el gas cósmico en distintas etapas de la historia del universo.













