El 10 de agosto de 2025, Alaska fue escenario de un impresionante fenómeno natural cuando un megatsunami de aproximadamente 481 metros de altura se formó en el fiordo Tracy Arm tras un enorme deslizamiento de roca.
El evento fue provocado por el colapso de millones de metros cúbicos de material rocoso hacia el agua, un proceso asociado al retroceso acelerado de glaciares en la región. A pesar de la magnitud del impacto, no se reportaron víctimas.
Un deslizamiento masivo desencadenó la ola gigante
Según los informes preliminares, alrededor de 63,5 millones de metros cúbicos de roca se desprendieron y cayeron abruptamente sobre el fiordo.
La fuerza del impacto generó una ola inicial de gran velocidad que atravesó el estrecho y ascendió por la ladera opuesta hasta alcanzar una elevación estimada de 481 metros sobre el nivel del mar.
La cifra convirtió al fenómeno en uno de los megatsunamis más altos registrados en la historia moderna, solo por detrás del ocurrido en la bahía de Lituya, Alaska, en 1958.
El papel del cambio climático
Especialistas vinculan el deslizamiento con el retroceso del glaciar South Sawyer, cuya pérdida de espesor durante los últimos años habría debilitado la estabilidad de las montañas cercanas.
El aumento gradual de las temperaturas en la región contribuyó al derretimiento del hielo que actuaba como soporte natural para las rocas.
Además, días antes del colapso, sensores registraron pequeños movimientos sísmicos en la zona, considerados señales previas del desprendimiento.
Una zona frecuentada por turistas
Aunque el evento no dejó víctimas, las autoridades destacaron que el área es visitada regularmente por embarcaciones turísticas y cruceros con miles de pasajeros.
La ausencia de personas en la trayectoria directa de la ola fue considerada una circunstancia afortunada, dado el potencial destructivo del fenómeno.
Científicos buscan mejorar los sistemas de alerta
Tras el megatsunami, investigadores continúan estudiando el comportamiento geológico de regiones glaciares vulnerables en Alaska y otras zonas del planeta, como Noruega y Groenlandia.
El objetivo es desarrollar sistemas de monitoreo y alerta temprana capaces de detectar señales previas de grandes deslizamientos y reducir riesgos para las poblaciones cercanas.
El megatsunami ocurrido en Alaska en 2025 volvió a demostrar la fuerza de los fenómenos naturales asociados al cambio climático y al deshielo acelerado.
Para los científicos, este tipo de eventos podría volverse más frecuente en regiones afectadas por el retroceso glaciar, lo que refuerza la necesidad de monitoreo constante y preparación ante posibles desastres naturales en el futuro.





