El aumento del nivel del mar suele relacionarse con el deshielo de Groenlandia y la Antártida. Sin embargo, los científicos advierten que existe otro proceso menos visible que también desempeña un papel fundamental: la expansión térmica de los océanos.
A medida que el planeta se calienta debido al cambio climático, los océanos absorben alrededor del 90 % del exceso de calor acumulado en el sistema terrestre.
Como consecuencia, el agua se expande al aumentar su temperatura, lo que contribuye al incremento del nivel del mar incluso sin que se incorpore más agua procedente del deshielo.
¿Qué es la expansión térmica?
La expansión térmica es un fenómeno físico por el cual el volumen del agua aumenta cuando su temperatura se eleva. Aunque este cambio no es perceptible a simple vista, su efecto se vuelve significativo al producirse en la inmensa masa de agua que forman los océanos.
De acuerdo con diversas investigaciones, este proceso ha contribuido de forma importante al aumento observado en el nivel del mar durante las últimas décadas, junto con el derretimiento de glaciares y capas de hielo continentales.
Cómo afecta a las zonas costeras
El ascenso del nivel del mar incrementa el riesgo de erosión en las costas y favorece inundaciones durante mareas altas, tormentas y otros fenómenos meteorológicos extremos.
También puede provocar la intrusión de agua salada en acuíferos y suelos cercanos al litoral, afectando el suministro de agua dulce y algunas actividades agrícolas.
Además, las infraestructuras, viviendas y puertos situados en áreas costeras son especialmente vulnerables a estos cambios, lo que representa un desafío para numerosas comunidades en distintas partes del mundo.
Un fenómeno bajo constante observación
Los científicos continúan analizando la evolución de la temperatura de los océanos mediante satélites, boyas oceánicas y modelos climáticos para comprender mejor cómo evolucionará el nivel del mar en las próximas décadas.
Conocer el impacto de la expansión térmica permite elaborar proyecciones más precisas y diseñar estrategias de adaptación que ayuden a reducir los riesgos para las poblaciones costeras y los ecosistemas más expuestos a los efectos del cambio climático.





