Desde el espacio, parte de la provincia de Almería, en el sur de España, parece cubierta por una enorme capa blanca que no es nieve, sino una concentración sin igual de invernaderos de plástico.
El llamado Mar de Plástico abarca 40.000 hectáreas y produce aproximadamente 3,5 millones de toneladas de hortalizas al año, la mayoría destinadas a abastecer al resto de Europa durante los períodos en que el frío dificulta las cosechas locales.
Esta transformación de una de las zonas más áridas del continente en potencia agrícola comenzó a mediados del siglo XX, cuando agricultores locales experimentaron con estructuras simples cubiertas de plástico para proteger las plantaciones del viento y conservar la humedad.
El modelo se expandió en las décadas siguientes y permitió controlar la temperatura, la humedad, el riego y la protección contra el viento con una precisión imposible en campo abierto.
Cómo el plástico transformó el desierto en despensa de Europa
Bajo estas coberturas se cultivan tomates, pimentones, pepinos, calabacines, berenjenas y melones durante todo el año, incluso cuando las heladas paralizan otras regiones. En zonas como Campo de Dalías y El Ejido, los invernaderos están tan concentrados que prácticamente se tocan unos a otros y forman la mancha blanca visible desde los satélites.
El plástico refleja una parte importante de la radiación solar y genera un efecto local de enfriamiento que estudios sobre la región han medido. Bajo esta cubierta se producen alimentos que llegan a supermercados de varios países europeos durante los meses en que el cultivo local está limitado por el clima.
El reto del agua en un territorio casi desértico
El mayor desafío del sistema es garantizar agua suficiente en una región con muy poca precipitación. La agricultura intensiva de Almería utiliza riego por goteo, que coloca cantidades pequeñas de agua directamente junto a las raíces, reduciendo pérdidas en comparación con métodos menos controlados.
La producción depende de diferentes fuentes: riego por goteo, aprovechamiento de agua, captación de lluvia en algunas estructuras, acuíferos subterráneos en diferentes áreas, y desde 2015 la desalinización ha ganado importancia para complementar el abastecimiento.
La planta desalinizadora de Campo de Dalías procesa más de 120.000 metros cúbicos de agua marina cada día. Este sistema combinado de fuentes permite mantener la producción masiva en un territorio donde el agua es históricamente escasa y las sequías son frecuentes.
Los costos que el modelo dejó sin resolver
El éxito productivo presionó los acuíferos subterráneos. La FAO ha registrado problemas relacionados con la sobreexplotación, la salinización y la contaminación por nitratos en zonas de horticultura intensiva del sudeste español. El plástico utilizado requiere reemplazo periódico. Aunque gran parte se envía a reciclar, residuos descartados de forma irregular siguen apareciendo en varios puntos de la región.
Parte de los trabajadores migrantes vive en asentamientos precarios y enfrenta salarios bajos e irregularidad laboral, según reportajes recientes. La transformación agrícola de Almería aumentó la productividad, pero también produjo impactos ambientales y sociales que requieren atención continua.













